Capítulo cuarenta y seis Sus movimientos predecibles arriba del árbol en donde está atado él solo hacen que Key se revuelva en mi interior y sin poder controlarla hace que voltee los ojos al igual que mi cuerpo se comience a transparentar. No salgas por completo. Le ordeno y ella deja emanar esa energía negra sobre nosotras, pero sin sacar todo su verdadero ser fuera, inmediatamente aquel bicho horrendo de hace un par de semanas baja de un salto y queda al frente mío. —Vaya, al parecer si te interesa y mucho cuando no demoraste ni cinco minutos en llegar —viaja hasta quedar cerca de él y suelta un grito haciendo pitar mis oídos —aunque como no te va a interesar si él —lame su cuello dejando una enorme marca hasta llegar al borde de su mandíbula —es tu persona predestinada —se separa

