Me di media vuelta, dándole la espalda. Fue un movimiento calculado, una coreografía de desprecio. Caminé hacia el centro de la habitación, dejando que el rastro de mis pies húmedos marcara el suelo. —Sí —dije por encima del hombro, con la voz firme—. Quiero mi academia. Ya estuve demasiado tiempo de "descanso", como tú lo llamas. Mi cuerpo está listo, mi mente se está pudriendo en esta mansión y no pienso pasar un día más siendo el adorno de tu sala de estar. Escuché el clic metálico de la puerta cerrándose detrás de él. El sonido de la llave girando me hizo dar un vuelco al corazón, pero no me permití temblar. Me giré para enfrentarlo. Dante había dejado la copa sobre la cómoda. Su rostro era una máscara de furia contenida, esa calma aterradora que mencionaban sus hombres. Se acercó a

