+*+*+ El trayecto desde la mansión Varonelli hasta mi academia fue un ejercicio de contención emocional. Mi nuevo guardia, un gigante silencioso llamado Marco, se sentó al frente, un fantasma de traje que me recordaba constantemente que mi libertad era una ilusión. Había decidido quedarme en la academia, siguiendo el consejo estratégico de Gianna, aunque sabía que Dante no aceptaría fácilmente mi autonomía. La academia, mi santuario, ahora sería mi cebo. Al llegar, la familiaridad del edificio me golpeó con una oleada de nostalgia dolorosa. Aquí era donde yo era Elena Moreau, la de mis propios sueños, antes de que Dante Varonelli se convirtiera en la música de fondo de mi vida. Me puse mi maillot de entrenamiento, sintiendo la tela ajustada contra mi piel, un recordatorio físico de que

