—Estaré en la puerta principal. Si tardo más de una hora, llama. Pero no antes. Salí del auto y caminé con paso decidido hacia la entrada. El aire fresco me golpeó. Era una libertad prestada, pero la saboreé. La clínica era silenciosa. Me registré bajo un nombre falso que había inventado sobre la marcha: 'Sophie Müller'. Rápido, anónimo. Cuando la enfermera me llamó, mi corazón se encogió. El miedo a un embarazo forzado era el terror más profundo. Necesitaba la solución. El ginecólogo era una mujer mayor, amable y profesional. Le conté una historia a medias: que había estado fuera del país, que mis píldoras se habían terminado y que necesitaba un DIU o alguna otra forma de anticoncepción de larga duración, algo que no requiriera una toma diaria y que Dante no pudiera descubrir. —Quier

