Mis manos sudan, estaciono en medio de la calle, ya nada me importa, solo su seguridad, ella tiene que estar bien, sin dudas ella estara bien. La sangre nose detiene, mi traje esta empañado en sangre. Mi velocidad aumenta, no pueden volver a separarte de mi, no puede volver a pasar. -¡Un medico, un medico!, no hay nadie aquí, ¡Ayuda!. Ante mis gritos unas enfermeras salen de los consultorios al verme empapado en sangre no lo dudan, corren a ayudarme. -Llamen a un doctor. -Ordena la enfermera mayor. Las otras dos obedecen y corren despavoridas. -Mocoso debes ayudarme a estabilizarla sigue mis indicaciones. Mis manos tiemblan. -Si, si. -Respira y todo estara bien. Escucho atentamente sus palabras, logramos armar un torniquete de emergencia en el cuello de Alex. A los pocos segundos l

