Sara observó el rostro contrariado de Emiliano, arrodillado en el suelo, los ojos le brillaron, la actitud de Mael la había sorprendido, pero en el fondo no tanto. El niño era un niño inteligente y rencoroso, había visto a Emiliano molesto agrediéndola la noche en que se reencontraron, además de lo que había pasado con sus compañeritos hacía un par de años, lo había dejado marcado. No imaginó que Emiliano encontrara una forma en que el niño lo viera con otros ojos. Mara abrazó su muñeca con fuerza y miró al hombre arrodillado a su lado. — ¿En serio eres mi papi? — preguntó, Sara observó como Sofía desde la cocina se sorbía la nariz, era un momento íntimo y tenso para todos. Sara llegó con su hija y se arrodilló a su lado, luego la tomó entre sus brazos y la cargó sobre su regazo. La n

