135. La reina y el rey Albert Estoy sentado en mi escritorio, pensando. Fue otra noche sin dormir. Cuando cierro los ojos, la carita de mi bebé aparece frente a mí. Es una niña preciosa. Nunca me voy a arrepentir de que haya nacido. Además, tenía muchas ilusiones para su madre y para mí, desafortunadamente, eso no pudo ser. Escucho que la puerta se abre y veo entrar a la niñera. No soporto tenerla frente a mí. —¿Hay alguna noticia? —me pregunta con voz lastimera, como si en verdad le importara. Solo niego con la cabeza, pero ella no entiende que no quiero hablar; que no quiero verla; que no quiero que nadie me moleste. —¿Quieres que te ayude a relajarte un poco? –me pregunta con toda la desfachatez del mundo. —¡Lárgate! –Es todo lo que digo. Ella se queda de pie, con el

