Bajo la cabeza y hago una mueca de burla. Si supiera que su padre es uno de los hombres más ricos, cuidaría sus palabras. —Mamá, si te atreves a querer humillar a Annie, te aviso que no voy a permitirlo. Es la mujer elegida por mi corazón, y ahora que ella me aceptó, no voy dejar que sufra por tus desplantes. Solo te aviso. Veo que lo que le digo la molesta, pero se queda callada. Pero lo más seguro es que está planeando sus siguientes movimientos. —Está bien. Ya no diré nada hasta conocerla. Te lo advierto. No me iré de aquí hasta ver que tipo de mujer es. Me paso la mano por mi cara. Esto va a ser desagradable. Las dejo que se instalen, y yo salgo rumbo a la casa de Annie. Cuando llego, la encuentro en el jardín. Me ve llegar y camina hacia mi. —Hola muñeca. –La sa

