Cuando ya estoy listo, salgo de mi habitación y al bajar las escaleras, me encuentro con Katya. —¡Vaya! Annie es una chica afortunada. Te ves muy guapo. –me dice, y no sé por qué, pero me sonrojo. —Pues gracias por el halago. Espero que Annie piense igual que tú. —me acompaña a la salida y le doy un pequeño beso en la mejilla como despedida. Veo como se pone roja. Su inocencia y su ternura me conmueven. Subo a mi auto y me despido con la mano. Ella se queda de pie en la entrada hasta que me voy. Cuando llego a la casa de Annie, toco la puerta y quien me recibe es el señor David. —Hola muchacho, ¿cómo estás? –puedo notar que no es tan afectuoso como cuando nos conocimos . Pero espero que pronto, todo vuelva a ser como antes de viajar a Canadá. —Bien señor, ¿y usted? –

