Lo veo que se aleja. Recuerdo que me contaban que tenía fama de egoísta, pero en este momento, me ha demostrado que también es generoso. Se alegra por la felicidad de mi muñeca, aunque esté con alguien más. Siento una ligera punzada en el corazón. Sé que si no estuviera yo en la vida de Annie, quizás ellos se estarían dando esa oportunidad que veo el hombre ansía. La idea de que estoy siendo una piedra en el camino de Annie ha ido germinando dentro de mí desde hace días. —¿Qué te pasa hermano? –Mauricio se acerca a mí, con una gran sonrisa en el rostro. Al parecer no le fue nada mal. —Solo pensaba. Pero cuéntame. Tu cara te delata pero quiero detalles. – mi amigo pone cara de enamorado. —Ella escuchó mis sentimientos y me ha dicho que son correspondidos. Me siento feliz.

