—Vamos muñeca, te llevaré a cenar. –Tomo mi bolsa y salimos. Está algo serio y eso me llama la atención. —Estás muy callado. –le digo y él solo me mira. —Estuve pensando toda la tarde y he llegado a una decisión. –la seriedad en su voz me asusta. –Dejaré de pedirte matrimonio, a cambio de algo. –no hablo y espero que continúe. –Prométeme, que si nos encontramos fuera de aquí, me darás una oportunidad de conquistarte. Solo eso. –me quedo callada y tomo un trago de agua. Pero mientras lo analizo, no veo nada malo en eso. Aunque es difícil que coincidamos. El vive en Canadá y yo en Estados Unidos. —Bueno. No sé qué decirte. –le digo y solo esboza una sonrisa. —Sólo di que aceptas y listo. Lo demás déjamelo a mí y al destino. –Pienso que no tengo nada que perder, así que

