—¡Por Dios! ¿Acaso me quieres provocar un infarto? –me dice mientras me acerco más a él. No pierde el tiempo y me jala para sentarme en su regazo. Puedo sentir como ya está en modo listo para mí. Pero aún no es momento. Hay que jugar. —¿Aún te gusto? –le digo y su mirada dilatada me dice que sí. Me da un beso profundo y le correspondo mientras lo acaricio. —No me gustas, me fascinas. –me dice con voz enronquecida. Suelto una risita sobre sus labios. —¿Harías lo que yo te pido? –le digo y me asiente. Sé que está ansioso por enterrarse en mí, pero quiero que esté consciente de lo que haremos. Esta noche tendremos sexo de concepción. —Lo que tu quieras –me dice y sonrío. —¡Hazme un bebé! –su rostro se pone rojo, pero solo acierta a mover su cabeza afirmativamente.

