Leonardo Ha pasado un mes desde la desaparición de Camille y la angustia de no volver a verla me parte el alma. Sigo sin entender qué hice para que ella tomase esa decisión. En todo este tiempo no he tenido el valor de ir con mi abuelo, ya que el día que le hablé para informarle que la boda se cancelaba, fue tal su molestia que me colgó el teléfono. Sin tener a nadie a quien recurrir, decidido visitarlo. Tal vez él me pueda hacer entender cuál fue mi error. Toco a su puerta y cuando su ama de llaves me recibe con una cálida sonrisa, me indica que mi abuelo se encuentra en su despacho. Con paso lento me dirijo hasta ese lugar y después de unos cuantos toques, me permite pasar. —¡Hola, abuelo! Por favor, no me corras. Necesito hablar con alguien, estoy desesperado y no sé qué más hacer

