Capítulo 4: Nos vemos luego.
«La peor traición no viene de tu enemigo».
Me detuve a unos pasos del profesor Parker si saber cómo coños se sabía mi nombre, no recordaba habérselo dicho ni siquiera en el consultorio, mis ojos bajaron a su cuello donde noté que colgaba algo parecido a una especie de péndulo en una cadena; si no estaba equivocada había leído que eso se usaba para la hipnosis.
Me atreví a enfrentarme a su mirada, no quería estar tan cerca de él porque sentía como si él fuera fuego ardiente y yo estaba empapada en gasolina e iba a quemarme, era tonto lo sé, pero este hombre me intimidaba demasiado, más aún cuando pensaba en la vergüenza que ocurrió en su consultorio cuando me desnudé por completo creyendo que era mi ginecólogo.
De ahí aprendí a que ni siquiera era necesario quitarse el sostén o la camisa.
Qué vergüenza.
Hades se deslizó los lentes cuadrados del rostro guardándolos en su bolsillo y dijo:
—Eres la presidenta de la clase, así que tienes que firmar la hoja de contenido.
Como presidenta de la clase era mi deber hacerlo en cada materia para confirmar que los profesores tenían la clase a desarrollar organizada.
—Si, uhm —aclaré mi garganta intentando calmar mi corazón acelerado—, ¿Dónde firmo?
Saqué un bolígrafo del bolsillo de mi pantalón notando mis manos algo temblorosas.
«Solo calmate Nube, pareces estar en modo vibrador».
—En mi despacho —dijo y lo miré sin comprender—, ahí tengo la carpeta.
Tendríamos que ir a su despacho para firmar la hoja.
«Ay santas vacas».
Mi leona interior se sentía como un manso gatito ante semejante dragón.
—Ah, está bien. —murmuré intentando parecer indiferente.
Es decir, no era tan extraño, ni la primera vez que iba al despacho de algún profesor, pero... la diferencia era que él me intimidaba y me asustaba la manera en la que mi cuerpo reaccionaba a su alrededor, como si estuviera en peligro y a la vez se sintiera completamente atraído hacia él.
—Sígueme. —ordenó y comenzó a caminar fuera del aula, no tuve más remedio que obedecerlo.
Cada coordinador tenía su oficina, lo que sí me sorprendía era que siendo nuevo lo hubieran asignado tan rápido como coordinador de psicología, aunque bueno, casi no había profesores de esa materia, aquí la mayoría renunciaba por los bajos sueldos... aunque Hades Parker parecía estar aquí para cachetear a todo el mundo con su super cerebro y no por el dinero.
Mientras íbamos por los pasillos observé que todos los estudiantes lo veían, algunos disimuladamente, pero otros lo hacían sin disimular, la mayoría se apartaban de su camino cuando él pasaba como si temieran estorbarle. Tragué pesadamente, él era de esos que nunca pasaban desapercibido e infundía miedo solo con su forma de caminar, como si tuviera el mundo a sus pies.
Mis ojos fueron por su espalda ancha, sus caderas estrechas y su culo redondo, tenía un buen cuerpo ejercitado, de repente tuve la necesidad en mi mano de nalguearlo, estaba tan cerca... el pensamiento casi me hizo alzar la mano para pellizcar y ver si su trasero era real, pero detuve el impulso de mi mano.
«Que carajos Nube, ¡no!, eso es una falta de respeto».
Sí, me podían expulsar por tocarle el trasero al doctor papito, pero creo que la expulsión valdría la pena.
«No Nube, ya deja de pensar estupideces».
Entramos al pasillo de las oficinas, Hades sacó las llaves de su bolsillo y abrió la puerta de madera donde se leía afuera "Coordinación de psicología". Entré a la oficina detrás de él, era muy amplia con varios estantes vacíos, había algunas cajas llenas de cosas y carpetas, me imaginaba que Hades apenas estaba acomodándose a su nuevo espacio.
—¿Ya no trabajará en el consultorio? —pregunté intentando hablarle de manera respetuosa.
—Trabajo en muchas cosas —se limitó a decir—. Todo es cuestión de organizar el tiempo.
Uhm, como no, el señor sabelotodo también tenia muchos trabajos, en realidad me parecía admirable, muchos trabajos significaban mucho más dinero pero también mucha más ocupación.
Observé que sobre su escritorio había un libro en el titulo se leía: "Dominio mental" el autor era nada más ni nada menos que Hades Parker, uhm, entonces ese era su libro, no iba a mentir la portada llamaba mucho la atención porque parecía misteriosa, me daba curiosidad leerlo. También noté que en el escritorio había un metrónomo y un reloj de bolsillo que se parecía a esos con los que hacían stock, ¿acaso iba a hipnotizar gente aquí?
Raro.
Hades Parker era raro.
Tragué pesadamente saliva mientras lo veía acomodar sus cosas en el escritorio y mis ojos se fijaron en el piano de la esquina de la oficina, era viejo, pero conservaba la elegancia de un piano de cola, me acerqué pasando los dedos por la superficie de las teclas tenía algo de polvo, volteé a mirar al profesor sorprendiéndome al ver que él me veía fijamente, sus ojos dorados casi traspasándome, haciéndome sentir descubierta y desnuda ante él; como en el consultorio todo mi cuerpo tembló.
«Respira, Nube, debes controlarte».
—¿Tocas? —pregunté con curiosidad.
—Sí. —respondió simplemente, y no sé por qué sentí que hablábamos en otro contexto; un contexto s****l.
«Ya deja de pensar en sexo Nube, debería darte vergüenza».
¿Pero por qué pensaba en sexo cada vez que estaba cerca de él? Es decir, era virgen, ni siquiera sentía la necesidad de tocarme yo misma para satisfacer algún deseo, pero era como si tuviera una extraña atracción hacia él, como si me atrajera fuertemente en todos los sentidos, tanto física como mentalmente.
«Ya basta Nube».
Aclaré mi garganta intentando despejar mi mente.
—De pequeña tocaba el teclado —comenté intentando enfocarme en la conversación—, pero ya se me olvido eso, solo quedó el ballet.
Sentía que ya estaba hablando demasiado por los nervios, necesitaba calmarme.
Hades inclinó la cabeza a un lado y deslizó sus manos dentro de sus bolsillos mirándome con interés, ni sé por qué volví a sonrojarme debía parecer todo un camarón.
—¿Practicabas ballet? —preguntó.
—Sí, bueno, aun practico ballet clásico.
Era bailarina profesional lo practicaba desde los nueve y cuando cumplí los 18 me contrataron para dar clases, aunque por la universidad ahora no podía seguir como profesora de ballet por los horarios apretados, pero aun así participaba en algunas presentaciones especiales.
Hades caminó hasta donde me encontraba, su caminar era lento, calmado, su mirada fija en mí hizo que sintiera que no podía respirar bien, lo vi tomar asiento frente al piano y comentó:
—Entonces eres flexible.
¿Uh?
Bueno sí lo era, pero eso sonaba como si él lo dijera pensando otra cosa.
«Basta Nube, eres tu la que piensas cosas sucias con el profesor».
—Eh... —comencé a murmurar sin saber exactamente qué decir.
—Siéntate —dijo Hades señalando el espacio en el asiento a su lado frente al piano, aquí estaba el señor dictador nuevamente dando órdenes, pero dudé por un momento.
—No, es que me tengo que ir —comenté, realmente tenía la necesidad de salir corriendo ante la intensidad que causaba a todo mi cuerpo al estar tan cerca de él porque solo quería abalanzármele encima, ni siquiera podía recordar respirar bien.
«Solo calmate Nube, solo es tu profesor... tu sexy profesor».
—Será un momento —dijo, creo que era la primera vez que lo veía excusar su petición—, quiero hablar contigo.
¿Qué quería hablar? ¿de como me desnudé en su consultorio?
Ay no, que vergüenza.
Tragué pesadamente y me senté a su lado sin saber exactamente qué quería hablar conmigo, mi corazón latiendo a mil por segundo, sus largos dedos acariciaron las teclas del piano y de repente comenzó a tocar, lo miré expectante, sus ojos dorados siguiendo sus dedos mientras se deslizaban en la melodía perfecta, parecía tranquilo, serio, pero concentrado en lo que hacía, el perfil de su rostro era perfecto, su nariz recta, pestanas espesas, labios llenos, creo que realmente no podía verle algún defecto físico al dios del olimpo reencarnado.
De repente Hades me miró posiblemente percibiendo mi mirada fija en él, sus dedos sin parar de tocar la perfecta melodía de Nuvole Bianche de Ludovico Einaudi, la reconocía porque en el ballet clásico la bailamos más de una vez, ahora extrañamente estaba algo más cómoda con él, pero aun así tragué pesadamente saliva ante su mirada fija en la mía.
—¿Lograste encontrar el ginecólogo? —preguntó, me sorprendí ante su pregunta, no entendía como seguía tocando mientras me veía y hablaba, como si fuera algo simple concentrarse en diferentes cosas a la vez.
Yo ni siquiera recordaba cerrar la boca para poder hablar.
—Eh —aclaré mi garganta—, sí.
—¿Como va la infección? —preguntó.
Sentí como todo mi rostro se incendió en calor lo que quería decir que estaba sonrojándome por completo ante tal pregunta tan personal.
—¿Que infección? —dije intentando hacerme a loca, no podía creer que supiera lo de mi infección vaginal.
Qué vergüenza.
—El doctor Miller es un amigo cercano —continuó—, sé de la infección.
Joder, ¿que acaso no existía confidencialidad entre paciente y doctor? Ya era suficiente vergüenza haberme desnudado en el consultorio equivocado y luego tener que enseñarle mi v****a al doctor correcto.
En este punto todo mi rostro, cuello y orejas estaban tan rojos como un tomate.
—Bueno, ya se me quitó casi completamente con el tratamiento —dije—. No volveré a ir a un baño público por el resto de mi vida.
Había ido a una tienda de un centro comercial y me senté sin limpiar la tapa, casi enseguida comenzaron los síntomas, ardor al orinar, ganas de orinar a cada minuto, al menos ya estaba curada casi por completo, el ginecólogo me dijo que el tratamiento duraba 48 horas, lo había empezado el jueves, pero me consideraría completamente sana cuando terminara de tomarme las pastillas, así que ya estaba casi completamente bien.
—¿Ese chico Louis es tu novio? —continuó cambiando el tema deliberadamente.
¿Qué le importaba?
Bueno, estando con sus manos en el teclado sin parar de tocar la música y su atención en mí me daba cierta familiaridad, como si realmente fuera una conversación cotidiana, yo no era de hablar de mi vida personal, pero al estar con él me hacía sentir un raro vinculo...
—No —murmuré—, fue mi novio, pero, me engañó con mi mejor amiga.
Él no hizo ninguna expresión, pero mantenía su atención en mí.
—Con Karen —dijo.
¿Cómo lo supo?
Alcé ambas cejas, me sorprendía como se había aprendido los nombres de todos los de mi clase tan rápido.
—Ajá. —murmuré.
—Los vi juntos, a Karen y a Louis —dijo—, lo supuse por la forma en que te miró al salir de clases.
¿Cómo me había mirado? Ni siquiera lo vi hasta que me detuvo para pedirme los apuntes.
Joder, realmente el profesor Hades era la persona más observadora que había conocido en mi vida.
—Usted me da miedo —las palabras salieron de mi boca antes de que las pudiera parar.
Él estiró una de la comisura de su boca en una media sonrisa pareciendo algo siniestro.
—¿Miedo por qué?
Mordí mis labios algo nerviosa y noté como sus ojos cayeron en mi boca por medio segundo, la intensidad haciendo que el vapor ahora cubriera todo mi cuerpo y la tensión que sentía se agravaba.
Joder, creo que iba a cometer una estupidez si no huía rápido de aquí.
—Tengo que irme. —solté.
Hades no puso objeción al respecto, solo fijó la mirada en sus manos mientras continuaba tocando.
—El cronograma está en la mesa. —mencionó.
—Okey, uhm —aclaré mi garganta—, adiós eh, profesor Parker.
Necesitaba huir de aquí.
Me levanté intentando no enredarme con mis propios pies y saqué mi pluma del bolsillo firmando el papel del cronograma en el escritorio rápidamente para poder largarme de aquí, necesitaba volver a respirar correctamente y recuperar mi color natural de piel, sentía que mi rostro iba a prenderse fuego del sonrojo intenso.
Iba a ir hacia la puerta cuando el teclado dejó de sonar deteniendo la melodía y el profesor dijo:
—Nube, detente.
Me detuve con la mano en el pomo de la puerta y me volteé hacia él, Hades seguía de espaldas a mí.
—¿Uh? —murmuré sin entender que quería.
—Nos vemos luego. —dijo simplemente, sus manos volvieron a tocar el piano con delicadeza.
¿Luego? Dudaba que nos viéramos luego.
Solo apreté los labios y abrí la puerta saliendo de ahí volviendo a respirar aire puro y lejos del profesor Hades, estar cerca de él era demasiado intenso y hacía que me descontrolara, sentí que cerca de él no tenía control de mis emociones.
Lo que más me inquietaba de él era que quería alejarme despavorida de la misma forma que quería lanzarme a sus brazos.