Algo en mi interior se alegró de que ella no supiera que hablaba de ella misma. Me importaba lo suficiente para querer protegerla de todo mal, aunque no necesitara de mí. Ella siempre ha cuidado de otros y... ¿quién cuida de ella? No se trata solo de su cuerpo; también tiene un alma, deseos y sueños que jamás le diría a nadie. Aún no confía en mí lo suficiente para decírmelo. Solo espero que, algún día, ese momento llegue. Bajamos del auto mientras mi corazón latía a mil. Sus mejillas sonrojadas son una de las cosas que noté al principio, allá en el aeropuerto, cuando me regaló su primera sonrisa. Vi en sus ojos una oscuridad tan similar a la mía; con sus ojos fijos en los míos, nunca imaginé que ella estuviera de duelo, hasta que he sido testigo de su propia destrucción. He tenido miedo

