El silencio era doloroso para María; daba demasiado espacio para el pensamiento, demasiado tiempo para el miedo. Entró al baño y se echó un poco de agua en la cara, tomándose un tiempo para mirarse en el espejo. No había nada físico que distinguiera el ayer del hoy, pero debajo de su piel, la tensión era dolorosamente aguda. ¿Qué diablos iba a hacer ella? ¿Era esta su vida ahora? Secándose la cara, caminó lentamente hacia la pequeña habitación. Ellen se paró frente a ella, alta y erguida, con una mirada de determinación en su rostro. "Tengo que hacerle saber que Paul está en camino". “¿A quién?” "Andrew. Tengo que decirle que venga aquí ahora". "Pero dijiste que rastrearían los teléfonos". "Yo sé eso. No voy a llamar, ellos se quedan apagados, voy a buscar su habitación”. “¿Crees qu

