María llegó temprano al hotel, sus ojos escanearon el vestíbulo en busca de señales del gerente. Nerviosa y emocionada, se sentía como si estuviera en camino a una cita. La más ciega de las citas. Aunque no conocería a nadie directamente, se había preparado como para impresionar a alguien especial. Su cabello oscuro estaba perfectamente cepillado y brillaba bajo las luces. Las líneas de rímel acentuaban sus grandes ojos marrones, mostrando las largas pestañas. Su piel brillaba, bronceada y saludable; complementada por su brillante sonrisa. Una belleza europea en pleno florecimiento de la juventud. Ella se había vestido con mucho cuidado, desde el delicado encaje de su ropa interior hasta el sexy pero elegante vestidito n***o. Que usara tacones confirmó su creencia de que ese era un día es

