Renovada y completamente despierta, María llamó a la recepción. “¿Hola?” “Hola, este, señorita Román, ¿no es así?” "Sí, en la habitación 110. Estoy lista para irme ahora". “Sí, ¿y cómo podemos ayudarle?” "¿Está abierto el bar?" “Sí, señorita Román, si desea utilizarlo, hay una excelente selección de cervezas y vinos, o si lo prefiere, tenemos café, té y jugos”. "Muchísimas gracias. Adiós". El pensamiento no había estado allí antes, pero recogiendo su bolso apresuradamente, supo que tenía que revisar la barra. Deteniéndose frente al espejo de cuerpo entero, se pasó las manos por el vestido, girándose a medias para poder ver su espalda. Complacida con su aspecto, se inclinó para revisar su maquillaje y arreglar su cabello. Era extraño, pero era casi como si ella pudiera verse a sí mi

