El enemigo está cerca

2045 Words
No planeaba volverme loca, al menos no por mi cuenta, pero para lograr no matar a nadie, porque lo estaba logrando necesitaba alejarme, por lo menos por un par de horas. Decidí el jueves mientras caminaba con mis hijas a almorzar lo bien que sería disfrutar de viajes en tren. Llamé a la oficina y hablé con Adrian, le dije que me tomaría la tarde libre y que les dijera a los demás.  Unos minutos después estaba con las gemelas en un vagón de tren, disfrutando de la línea férrea de la cuidad, viendo casas y nuevos lugares, las dos parecían encantadas, sobre todo Serena, la pequeña no quería quitar la mirada de la ventana.  El chico de los boletos me pidió el del tercer viaje, no había ido a pagarle. —¿Quedan dormitorios disponibles? —No, pero el que va a Seinvillage está casi vacío. Se tardan 18 horas en ir y lo mismo en volver.  36 horas con mis hijas, digamos que les gustará, pero qué si a mí no.  —¿Algo a cinco horas con campos? —Westside. —Asentí, compré los boletos y me bajé a espera el tren.  Serena y Ada no paraban de hablar, pero las derretí cuando entramos al tren nuevamente y fuimos al vagón de la cena, las dos querían vivir en un tren y yo las llevé  a pasear por el tren royal de la Westside, era el tren a poca distancia más refinado, subía hasta las lomas en las que vivía la familia fundadora de Mainvillage, su presidente y también el alcalde de la cuidad. Tenían una casa hermosa George Westborn, era una especie de Adam Luthor moreno y de cabello oscuro, la diferencia radicaba en la cantidad de hijos y esposas, él se había casado 10 veces y solo con Natalia, su última esposa había decidido concebir. Gabriel Westborn, futuro presidente del mundo... o al menos de la cuidad.  En cuanto llegamos a arriba, Serena no pude evitar hacer preguntas sin cesar.  —¡Mamá! —Dime, mi amor.  —Me casaré con un hombre rico.  —Serena, cuéntame: ¿él te amará?  —No sé, mira a abuela, tiene joyas, una casa gigante y como tiene un gimnasio es bonita.  —Serena, el amor no nos da de comer, pero cuando te casas y no soportas lo mentiroso, sus ronquidos o como cree que te protege, pero si le amas podrás aguantarlo.  —Abuelo dijo que el amor es solo para Disney, pero tú amas a Adam.  —Abuelo y abuela son unos inútiles. Vengan les explicaré, todo tiene un límite.  Las llevé a su  habitación, cuanto se durmieron y regresé a mi asiento, para mirar un poco más la noche, diez horas, eran las tres treinta de la mañana, cuando bajé del tren en la cuidad de Mainvillage, tuve que despertar a las chicas e ir por un taxi, cuando regresé a casa, Adam estaba despierto y la policía con él.  —¡Adam, fuimos a andar en tren! —Jane, por qué no avisaste, estuve preocupado. —dijo antes de abrazarme, le correspondí el abrazo y luego llevé al par de pequeñajas a sus camas.  —Mamá, fue grandioso.  —Sí, ¿lo podemos repetir? —Asentí y le di un beso a cada una.  Me mantuve durante varios minutos acostada en el sofá tan solo mirando la copa de vino que tenía en la mano, mi esposo me había obligado a bañarme y se había sentado conmigo en el sofá a acariciar mis pies.  —Llamé a la oficina, hablé con Adrian.  —Le pregunté y dijo no saber de ti. —Asentí.  —Tu hijo se trae algo malo entre manos.  Adam se quedó en silencio mirando la copa de vino y yo mirándole a él, esperamos juntos el amanecer tomados de la mano.  A la mañana siguiente parecía un día normal, fuimos a dejar a las más pequeñas y luego a los grandes, finalmente Adam me dejó en la oficina y caminé hacia mi puesto, me dediqué a trabajar todo el día.  A la hora de la salida, Adrian me interceptó.  —Jane, te llegó esto. —dijo y lo tomé. Era el recibido de un papel judicial. Abrí el sobre y miré los papeles " demanda de divorcio". Patrick se me acercó y me tomó del brazo.  —Hoy toca hamburguesas.  —Claro, de lentejas. —rió y caminamos hacia los elevadores, me bajé en el tercer piso y le mostré los documentos.  —Mi mamá se volvió loca.  —No es tu mamá, él los ha solicitado. —le mostré la página en la cuál aparecía la firma de Adrian en la parte de atrás de los documentos.  —Dámelos a mí yo veré que hago con ellos. Vamos a comprar.  A mi cabeza volvió la declaración de Adriana: >.  Los chicos tuvieron su fiesta de hamburguesas, y yo estuve con Ada todo el tiempo en mi regazo, la pequeña no estaba más feliz que yo, a las siete había caído dormida y su hermana treinta minutos más tarde.  —El jardín de niños es genial.  —¿Dormiste con tu ex esposa?  —No.  —Perdón, ¿tuviste un encuentro s****l recientemente con tu otra esposa? —Jane, no. Estoy contigo, estamos yendo a terapia. ¿por qué lo haría? —Dijo que le importaban sus hijos, tú y su familia en crecimiento.  —Está desvariando.  —Tu hijo me dio los papeles del divorcio hoy, antes de irse a los suburbios. —Adam me dio un abrazo y me acompañó a nuestra habitación. —No entiendo por qué me odia.  Adam y yo no teníamos respuesta simplemente la sensación e que algo no iba bien en nuestras vidas. Cona que disgusto encima. Tomamos  una ducha antes de ir a dormir.  En la mañana siguiente, repetimos nuestra rutina pero fuimos con la doctora. Adam la odiaba y yo comenzaba a entender por qué, la mujerera una pesadilla, achacaba todos nuestros problemas a nuestra diferencia de edad, por ejemplo:  Adam me miente; sí, es 20 años mayor.  Adam me dejó sin dejar rastro; sí, la diferencia de edad aparta y termina con algunas relaciones.  Adam no me dijo que tenía seis hijos; él es un hombre mayor que tú, por lo que su vida estaba avanzada cuando tú apareciste en ella.  Algunas veces pensaba que si por alguna razón yo iba tarde le encontraría intentando seducir a mi esposo, lo cual es bastante malo.  —Adam, esa mujer. —Sí Jane, es una jodida perra, firmará el divorcio por nosotros. Mi esposo me invitó a ir por un café y burlarnos de nuestra terapeuta, era la cita más estúpida que habíamos tenido, pero la más productiva en años, nos comportamos como estúpidos, coqueteamos, nos estamos y finalmente volvimos a casa, todo el día. Patrick y Daniela se hicieron cargo de las gemelas durante la tarde y Drake y los chicos aprovecharon para salir, tuvimos una cena familiar y las gemelas no parecían estar muy felices o si quiera comer y eso que era pescado con verduras y ensalada.   Por un minuto creí que nuestros problemas estaban resueltos, que éramos una familia, todavía más cuando nos sentamos a ver películas en el sofá todos apretujados porque nadie quería ir al suelo. Las gemas se durmieron y mis excusas para no ver una película de terror durmieron con ellas.  Los chicos hicieron que una película de terror se volviese en una de comedia solo porque me moría del miedo y no podía evitar ser sincera al respecto. Serena apareció limpiándose los ojitos y apagó el televisor.  —Patrick me dijo que no dijera pero Adrian le dejó un ojo hinchado.  —Serena, ¿no te lo soñaste? —Estábamos en el centro comercial, volvíamos al parqueo y ¡pum! Él le pegó y luego lo golpeó contra el auto.  —Serena, no tenías que decirle —le regañó Ada quien le miraba molesta.  —¿Por qué discutieron? —preguntó Adam  —No se hablaron solo se golpearon.  —Ahora tú también dijiste algo que no tenías que decir.  Adam las llevó a la cama y los chicos volvieron a encender la televisión llamé a Patrick y me dijo que estaba cerca de casa, por lo que decidí esperar a que estuviese con nosotros para hablarlo  y sí, las chicas tenían razón le había golpeado y aplastado, el lado izquierdo de su rostro hinchado, morado y de muchos colores.  Los chicos preguntaron todo lo que no me interesaba como ¿Dejaste que te golpeara? ¿Cómo le golpeaste? ¿Qué hizo? ¿Cómo lo hizo?  —¿Por qué?  —Discutí con su progenitora y le recordé que la única que necesita firmar el divorcio es ella. ¿Quedó algo de cenar? —Vegetales con pescado. —El joven asintió y fue al refrigerador, después de comerse la mitad del contenido decidió calentar el resto y se unió a ver la película malévola y a burlarse de mí. —Mañana hablaré con Adrian y creo que lo mejor es que nos mantengamos alejados, por lo menos por ahora. —dijo Adam y los chicos asintieron.   —¡j***r! —grité cuando un fuerte sonido se hizo presente tras mi espalda.  —Eso no fue la película. —Dijo  Drake, alguien se intenta meter.  —No.  Quiero aclarar que cualquier hombre que intentase meterse en una casa llena de hombres nada normales, era realmente imbécil, sobre todo cuando había vivido desde su nacimiento con ellos.  Patrick se movió de mi lado y salió de casa y con él sus hermanos.  —Ahora sí. ¡Pégame sin las niñas en medio!  —Patrick, yo... Vi a los chicos comportarse como delincuentes desde mi ventana, los seis estaban locos y algo vándalos, pero no tanto como el hombre que se le ocurrió sacar un rifle y disparar.  —Muy bien, saca esa cosa de mi casa —Dije a Adam.  —Los seis a dentro —dijo y los cinco miraron al mayor de los hermanos yo fui a mi habitación empaqué un poco de ropa y luego empaqué ropa para las dos y sus uniformes.  —Serena. Bella princesa. —dije y abrió su ojos.  —¿Puedes ir al auto? —¿Otra vez ya hay escuela? —preguntó.  —No, mami quiere que vayas al auto, por la puerta trasera.  Le puse el abrigo, lo mismo hice con su hermana aún dormida, las llevé a Ada entre mis brazos junto con las cosas, Serena caminó con las cobijas y se subió al auto, se abrochó y ayudó a abrochar a su hermana.  —Perdón, cariño.  —Es culpa de Adrian, a él no lo voy a perdonar. —dijo y cerró sus ojos.  En cuanto llegamos a casa de mi suegro cargó a ambas pequeñas y me miró con reprobación, No quería que estuviese contento, no ahora, solo sentía que mi vida era muy hostil.  Jade me abrazó e hice lo mismo, nos quedamos en el sofá conversando durante horas y luego simplemente en silencio.  —No sé a qué ha vuelto, pero sé quién no debe entrar en tu casa.  —¿De qué hablas? —Adriana y su hijo mayor, despídelo si es necesario. Alan le ha invitado a cenar y no ha dicho nada agradable sobre ti o sus hermanos. Se le ha olvidado quién le ha dado la mano, él no es muy brillante y fácil de convencer, has visto su Ferrari descapotable rojo.  —Mamá, a tus amigos cerca y tus enemigos más cerca. —Le di un beso y le pedí que cuidara a las niñas.  En pocos minutos estaba en mi casa, los chicos continuaban discutiendo con Adrian en el jardín, aparentemente Adam había discutido con todos hasta cansarse e ir a su habitación.  —¡Chicos! —Grité. —Tiempo fuera.  Todos me miraron y los pasé a la casa. Sonreí y les di un abrazo a Adrian.  —Él es parte de esta familia. —Dije. —Necesita de nuestro apoyo y cariño, si Adrian quiere daros una disculpa, una sincera disculpa le podemos volver a abrir la puerta de nuestra casa.  —¡Jane! —gritó Patrick y negué con l cabeza.  —Adrian no se quiere disculpar. —Dijo Kyle.  —De hecho, solo... yo solo quiero hacer las paces con ustedes, son importantes para mí. —Jane y Patrick son importantes para nosotros; ¿por qué no te vas y ya? —preguntó El menor de los hermanos Luthor.  —Adrian, esta es mi casa, la casa de mi familia, el lugar de mi esposa. Hazme el favor de irte. Miré a mi esposo y tenía un ojo morado. Karl se levantó y abrió la puerta para su hermano.   A la mañana siguiente los chicos se alistaron sin mucho escándalo. Prepararon sus meriendas y almuerzos, finalmente el desayuno para sus padres.  —¿Qué está pasando? —pregunté.  —Todos tenemos problemas aquí, nos  odiamos algunas mañanas porque nos amamos en exceso, pero solo suyo le pongo las manos encima a la princesa Adam. —Dijo Patrick y su papá alzó una ceja.   —¿Entonces?  —Somos un equipo. —contestó Karl. El timbre sonó, y el joven se posó entre nosotros mientras su hermano mayor fue hacia la puerta.  —El enemigo está en casa. —dijo y volví a ver a mi esposo.  Esa mañana, me convencí de que cada niño  aprendía de sus padres, yo aprendí de Jade, ellos de mí y Adrian de su madre.  Vi como Patrick estrechaba la mano de su hermano y él se acercaba con un gigante ramo de rosas. 
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD