—Cuando quieres tanto a alguien, solo hay una manera. Trátalo de la forma en que quieres que te trate tu ser querido —explicó Aaron pero: Mateo estaba perdido. —No tiene sentido —dijo, con el ceño fruncido mientras se dirigía a la vinoteca y se servía una copa de vino—. ¿Cuidar de algunos? —le preguntó a Aaron, pero negó con la cabeza. No esperaba que Mateo no se diera cuenta, pero decidió explicarlo desde lo básico, mientras Mateo se sentaba a su lado y bebía el vino. —¿Estás feliz? —Aaron le preguntó. Mateo pensó en la pregunta. Como hijo único, se sentía solo cuando no estaba con Aaron o trabajando. —A veces. —¿Qué te hace feliz? —Aaron le preguntó, aunque ya sabía la respuesta. —¿Música, comida, sexo y buena amistad? —respondió Mateo, no sabía a dónde iba todo esto, pero como ne

