—¿Pasa algo? ¿No quieres ver a tu amiga? —Andrew preguntó preocupado ya que Carolyn no mostró ningún entusiasmo y era ella quien les pidió su permiso para recibir a su amiga.
Carolyn bajó la cabeza y preguntó en voz baja: —¿Aaron también está abajo?
—Sí. Solo hay cuatro habitaciones en esta casa. Una para el ama de llaves, otra para nosotros, una para ti y la otra para Aaron. Todas esas habitaciones están arriba, así que no puedes evitar verlo de todos modos —explicó Andrew.
Carolyn no vio nada malo en decírselo a Andrew. Era como un padre para ella y también hablaba con suavidad.
—Dijo que no debemos cruzarnos hasta que nos volvamos a encontrar en el altar.
Andrew estaba molesto. Aaron estaba cruzando la línea y no le gustó nada. Se sentía como un abuso emocional.
—¿Aaron dijo eso? —entrecerró los ojos.
—Sí —confirmó Carolyn, sin saber si era lo correcto.
—Entonces me desharé de él por ti o mejor aún, déjame enviar a tu amiga —dijo Andrew.
—Gracias, papá —Carolyn sonrió agustó.
Susan estaba teniendo dolor de cabeza, masajeándose la sien para aliviar el dolor. ¿Qué estaba tramando Aaron?
—Tu amiga tiene que comer primero, así que le tomaría un tiempo encontrarte arriba.
—No hay problema. Entonces me ducharé. Gracias por todo, mamá —Carolyn sonrió y dijo.
Se estaba acostumbrando a la maravillosa pareja y poco a poco hacía poco contacto visual con ellos. El corazón de Susan se llenó de calidez por la perfección con la que la palabra mamá salió de los labios de Carolyn. La hizo extrañar a Sophia.
Después de que Susan se fue, Carolyn se arrojó sobre la cama. Era tan cómodo que le dio pereza levantarse de él. Decidió llamar a Jeremy y contarle sobre el cambio de planes.
Unos minutos después de que terminó de bañarse y se estaba secando el cabello, la puerta se abrió y Jésica entró corriendo, abrazándola por la espalda.
—Te extrañe mucho —dijo Jésica soñadoramente. Fue increíble estar unidas de nuevo.
—Te extrañe demasiado y por favor perdóname por no preguntar antes, pero ¿cómo está tu mamá? —Carolyn preguntó con remordimiento.
—Ella está bien y es la razón por la que me uní a ti. No puedo creer que me estés hablando de tu matrimonio. ¿Rompiste con Jeremy? Lo llamé justo después de que llamaste y dijo que vendría esta noche —dijo Jeremy con una mezcla de emoción y remordimiento.
Carolyn estaba bastante celosa. No había podido comunicarse con Jeremy, pero Jésica sí.
—¿Jere viene a New York? —preguntó, sin ocultar su sorpresa.
—Sí, pero parece amargado —reveló Jésica con una mirada preocupada.
Carolyn dejó caer la secadora y dejó escapar un suspiro de frustración.
—Traté de comunicarme con él, pero no pude comunicarme con él.
—Entonces deberías volver a intentarlo en unos minutos. Conocí a Aaron abajo. Su amigo es agradable charlamos un poco, pero Aaron era muy frío, como un témpano de hielo ¡Pensé que moriría congelada! ¿¡Cómo te llevas con él!? —preguntó Jésica con curiosidad. A juzgar por la personalidad de Carolyn, sabía que no iba a ser fácil.
—No nos llevamos bien —dijo Carolyn, confirmando sus sospechas.
—Entonces, ¿por qué te vas a casar? —ella hizo la pregunta urgente. El matrimonio no era algo con lo que jugar, pero esta pareja lo hacía parecer así.
—Es un acuerdo comercial, como cualquier otro que se hacen en las familias de ´clase alta´.
Jésica se desinfló ante la revelación. Era cuatro años mayor, pero fue tarde a la universidad por culpa de su madre, a diferencia de Carolyn que había nacido con suerte en una familia rica Jésica no corrió ese mismo destinó. Conoció a Carolyn gracias a la beca que se había ganado con su esfuerzo.
Ella era la única que podía manejarla por lo que su padre dejó de pagar a los cuidadores y le colgó sobre los hombros la responsabilidad de cuidar a la enferma. A veces, parecía estar bien y normal, pero otras veces, no era nada del otro mundo, frustrando la vida de Jésica.
—¿Así que eres una esposa de negocios?
—Parece que sí —Carolyn estuvo de acuerdo con tristeza.
—¿Cómo se lo está tomando Jeremy?
—Solo estoy haciendo esto porque dijo que vendría por mí cuando su padre le entregue la empresa —dijo Carolyn con confianza. Ella confiaba en Jeremy y estaba segura de que él haría lo que decía, pero Jésica tenía sentimientos encontrados.
—¿No estás siendo mala? Solo estoy preocupado por el Sr. y la Sra. Harrison. A diferencia del señor témpano de hielo ellos son muy amables.
Carolyn se sintió culpable, pero ¿cómo podría pasar el resto de su vida con un hombre al que no amaba? Parecía exagerado.
—Pero no puedo vivir el resto de mi vida en un matrimonio sin amor.
El teléfono de Jésica sonó, interrumpiendo su conversación. Miró la pantalla del teléfono y dijo:
—Es Jeremy —su dedo se deslizó sobre la pantalla y se llevó el teléfono a la oreja.
Antes de que ella dijera una palabra, Carolyn se la quitó y habló.
—Jeremy, ¿por qué la llamas a ella y no a mí? —Parecía molesta.
Jésica era su mejor amiga, pero Jeremy era su hombre y había que trazar ciertas líneas. Jeremy se disculpó.
—Lo siento mucho, pero seguí probando tu línea y no estaba funcionando. ¿Le pasó algo a tu teléfono? —preguntó con curiosidad. Ahora que Carolyn estaba en la casa de los padres de Aaron, su nivel de preocupación por ella aumentó.
—Sí, se rompió, pero el papá de Aaron me dio uno nuevo.
—Guau —exclamó Jésica desde el fondo cuando vio el teléfono.
Jeremy adivinó instantáneamente que su contacto en el teléfono de Carolyn tenía que estar manipulado. Aaron era capaz de cualquier cosa. Desafortunadamente, no podía explicarle a Carolyn su problema con Aaron, pero eso no le impidió vengarse de Aaron.
—Nena, necesito que hagas algo.
—Cualquier cosa.
El corazón de Jeremy se calentó al saber que la chica lo amaba tanto.
—Tienes que salir a escondidas de la casa cuando todos estén dormidos. Trae tu nuevo teléfono.
Carolyn se apoderó instantáneamente del miedo y preguntó en voz baja. —¿No es arriesgado?
Si la atrapaban escabulléndose para encontrarse con su novio, no hablaría bien de ella como la mujer decente que era, especialmente cuando Susana y Andrew la trataban tan bien. También deshonraría a sus padres.
Jeremy se tragó su consternación. —Carolyn, estoy aquí por ti. Ya estoy en la puerta. Tan pronto como llegues allí, te buscaré y no te preocupes, te traeré de vuelta en una hora o dos, para que nadie se dé cuenta.
Al ver lo mucho que había pasado para verla, ¿cómo podía rechazarlo? Además, ella también lo extrañaba. Se suponía que Jeremy no viajaría ni dejaría la empresa de su padre hasta que no completara su proyecto, pero lo arriesgó todo. Un hedor de adrenalina la atravesó.
—¿Qué pasa con la seguridad en la puerta?
—Los distraere, así que no te preocupes —le aseguró Jeremy.
—Bueno.
Jeremy se sintió aliviado. —Cuando salgas, envíame un mensaje de texto con el teléfono de Jesica.
Si Carolyn enviaba el mensaje de texto con su teléfono, no lo recibiría, así que esta era la mejor manera.
—Está bien.
Cuando colgó, Jésica todavía estaba explorando el teléfono que Andrew le dio a Carolyn, pero lo dejó caer. Empezaron a hablar de tantas cosas hasta que Jésica se durmió. Carolyn se cambió a un par de pantalones Jean y un cuello de tortuga ya que era tarde y hacía frío.
Se puso un par de tenis y usó una chaqueta sobre su blusa. Con su largo y ondeado cabello rojo peinado y cayendo en cascada por su espalda, se maquilló un poco. Tenía que verse bien para Jeremy.
Todo estaba en silencio y las luces del pasillo estaban apagadas, por lo que sabía que todos estaban dormidos.
Cogió el teléfono de Jésica y le envió un mensaje a Jeremy. 'Estoy saliendo.'
'Bueno.'
Tan pronto como recibió la respuesta, dejó caer el teléfono, apagó la luz y abrió la puerta, cerrándola suavemente detrás de ella.
Caminó de puntillas hacia las escaleras y comenzó a descenderlas de una en una. Usó su teléfono como luz, sin atreverse a usar la luz de la antorcha ya que sería demasiado brillante. El brillo de la pantalla de su teléfono fue suficiente para ella.
Su corazón latía con tanta fuerza, pero el hecho de que Jeremy estuviera en la puerta le dio nuevas esperanzas. Llegó a la puerta de acero y medio y justo cuando su mano estaba a punto de girar la perilla, toda la sala se iluminó, cuando escuchó el clic del interruptor de la luz.
Se congeló y sintió que su corazón corría desde: dentro de su pecho hasta su estómago, temerosa de quién había encendido la luz, rezando para que no fuera Aaron. Se estremeció cuando una voz fría y sin emociones ladró detrás de ella.
—¿A dónde crees que vas?