17 Me acabo de bajar del columpio, mi loquero se hizo a un lado y no se volvió a atravesar en el camino de esta diversión. Doy un par de pasos sin saber qué hacer, sin saber qué decir. Mi seguridad está por el piso. Si este man fuese un compañero de colegio, un vecino o un amigo de mi edad, la cosa sería diferente. Pero es intimidante que un tipo que te lleva más de veinte años te acabe de besar de manera tan sorpresiva. Bueno, sé que no fue un beso apasionado o algo que sirviera para una escena medio decente en una película, fue más un pico, pero no fue precisamente en la frente, ni siquiera en la mejilla. Me sonríe y me pregunta si estoy bien. –¿Acaso tengo cara de muerta? Se ríe y se acerca lentamente sin decir nada. Cuando está a mi lado me agarra la mano y dice: –De muerta,

