31 Me miro al espejo y no lo creo: gracias al maquillaje me veo súper bien, no parece que hubiera trasnochado, las ojeras están detrás de la capa de base y el delineador y la pestañina me ayudan un jurgo con los ojos; no parece que hubiera llegado a mi casa a las dos de la mañana. Ahora son las diez y media y mi mamá me va a llevar a la agencia de modelos. Me pongo un pantalón n***o ajustado, una camiseta blanca, también ajustada, y unos tennis blancos. Creo que es una buena pinta para este tipo de cosas. Nadie interesante me ha escrito ni tampoco yo les he escrito; total, pienso que soy la única que está madrugando un sábado si es que a esto se le puede llamar "madrugar". Media hora después estamos en la agencia. En la recepción hay cinco viejas más; qué oso, yo y otra somos las únicas

