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1115 Words
1 Dicen que soy la más zorra de todas, la más perra, pero solo lo dicen porque me tienen envidia. La verdad, sí soy, como suelen decir los tipos, los hombres, los tíos, los manes, los chicos, la que está más buena en todo el colegio. Pueda que lo sea, no lo sé, pero en mi salón de clase hay una que fácilmente me podría competir. Se trata de una mona, es decir, una rubia. La nena tiene buen cuerpo y su cara es linda, inspira darle besos. Cuando tenemos clase de gimnasia o educación física, Andrea sale con esos shorts, pequeñitos, que parece que le fueran a dejar media cola por fuera, exhibiendo tremendo bronceado. A todos los tipos se les van los ojos y a ella eso le gusta tanto como a mí las donas de mora con arequipe. Eso sí, cuando nos ponen a dar vueltas alrededor de la cancha de fútbol, no aguanta más de una y enseguida se pone a coquetearle al profe, que es un tipo más feo que un carro por debajo, y todo esto para que no la haga correr más y no la raje al final del semestre. En cambio yo, como si fuera la severa atleta olímpica, doy todas las vueltas, siempre detrás de Felipe, un tipo que indudablemente, y sin derecho a discutirlo, es el más papito de todos. Me fascina, siempre me ha fascinado, pero como ya les dije, yo tengo fama de zorra, algunos dicen que de puta; entonces, gracias a eso, el hombre no me para bolas, es decir, no me pone atención y se vuelve uno más de los que botan la baba por Andrea. A veces me imagino cómo podría ser una noche o una tarde o una mañana de pasión con ese par. ¿Se imaginan? Felipe, Andrea y yo revolcándonos en una cama… De solo pensarlo me pongo cachonda, como dicen los españoles. Pero bueno, este no es el momento de pensar en sexo, es el momento de describirme a mí misma. Como ya les dije, yo soy la más hembrita y creo que por eso a mis papás les da mucha rabia porque no me comporto como una princesa de cuento de hadas. Si fuera bien fea o la nena promedio, supongo que no estarían tan alarmados con mi comportamiento. Pero se les hace de no creer que una niña tan linda hable como yo hablo, se comporte como yo me comporto y que tenga gustos que a ellos no les cuadran. Es que debe ser muy difícil para ellos aceptar que a su "princesa" también le gustan las mujeres. Ahora, ellos no es que estén seguros de eso porque yo, como dicen por ahí, no he salido del closet. Pero ellos se lo sospechan, sobre todo mi mamá que es la que más tiempo me ve en las tardes cuando llego del colegio. Mi papá, él cree todo lo que le dice mi mamá y si ella dice que yo soy la reencarnación de Amy Winehouse, él seguro se lo va a creer. Ahora, no crean que soy una "tom boy", o una nena marimacha. Más femenina que yo no hay sobre este planeta y eso incluye la ropa que me pongo, la forma de maquillarme y la manera como llevo el pelo. Es que yo creo que una no puede andar por el mundo obedeciéndole a los estereotipos y mucho menos a las modas. Lo mejor es andar como una quiera, siéndole fiel a sus principios y huyéndole a esa idea de que tienes que ponerte o vestirte de tal manera cuando te gusta cierto tipo de música, de videojuegos, de películas o de personajes famosos. Pero creo que me estoy desviando un poquito. Estábamos en lo de mi descripción física. Básicamente estoy buena: piernas largas, bien formadas, cuerpo de reina, cara bonita pues no ha nacido el primero ni la primera que hayan dicho lo contrario, nariz respingada, ojos verdes, cabello largo y liso de tono castaño claro, pero no tan rubio como el de Andrea, labios rellenitos en su justa medida, cejas del grosos perfecto y orejitas pequeñas. Ahora que ya saben cómo luzco, les voy a contar cuál es el problema del momento: en realidad son varios, pero empecemos por el primero. Estoy a punto de graduarme del colegio, creo que en otros países le dicen secundaria o instituto o qué se yo. El caso es que me quedan seis meses antes de tener que ir a la universidad y en este momento no tengo ni puta idea de lo que voy a estudiar, porque es que toca estudiar algo. Toca ir a la universidad así sea para conseguir marido, como dicen por ahí. Pero yo no estoy pensando en lo del marido, yo estoy pensando en que no quiero ser una mantenida. Mis papás tienen plata, dinero, mosca, lana, o como quieran decirle, pero yo no voy a estar dependiendo de ellos, eso me obligaría a hacer todo lo que ellos digan. Entonces, me toca estudiar algo, pero creo que nada me gusta. El segundo problemas es lo que mis papás, o sea mis padres, para que nos vayamos entendiendo, interpretan como lo más complicado: quieren sacarme el demonio de la bisexualidad de la cabeza, eso es lo que yo deduzco, pero creo que eso es imposible, las nenas me fascinan tanto como los tipos. El tercer problema es que soy putamente rebelde, yo soy consciente de eso y me da miedo de que en un futuro eso haga que termine mal. Entonces, básicamente, mis padres han decidido que vaya a ver a un psicólogo. Que me acueste una hora en un diván de consultorio y le confiese a un total desconocido, a un tipo x, todas mis penas y verdades, y que después de unas cuantas citas salga como nueva, es decir, odiando besar a una mujer, dispuesta a estudiar con amor, sacrificio y dedicación la profesión que a mi papá se le ocurra, y que me vuelva más sumisa que la nena de las cincuenta sombras. Y lastimosamente, esa cita es mañana a las cuatro y media de la tarde. Mi mamá ya dijo que apenas llegue del colegio no tengo derecho a prender el compu, ni a ponerme a ver pelis ni a nada, que solo me puedo quitar el uniforme, vestirme con algo decente, montarme en la camioneta al lado de ella y recorrer las trancadas calles de la ciudad para llegar donde el que va a ser mi guía y salvador. ¿Se imaginan? ¡Qué pereza! Ojalá el tipo me caiga bien o de lo contrario voy a terminar insultándolo. Ya veremos qué pasa…
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