73 Cuando saco la fuerza para pararme, a pesar del dolor, siento un nuevo golpe, y súper duro, en mi pierna derecha, justo en donde me acabo de pegar con las losas de la plaza. El dolor hace que se me salgan las lágrimas. Volteo a mirar y me pillo que es un tombo antimotines que está al lado mío y que el hijo de puta, muy seguramente, me acaba de dar una patada. Empiezo a gritar como si tuviera hijos y me los acabaran de robar. Recibo un segundo golpe en la cadera, aplicado a lo basto, sin piedad, y a los dos segundos siento que alguien me agarra de la parte posterior del cuello de mi chaqueta y me obliga a ponerme de pie. Es el mismo tombo antimotines y sus maneras no son propiamente las de un tipo refinado. Con una de sus manos en mi cuello, obligándome a caminar con la cabeza inclinada

