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42 El jacuzzi es historia. Acabamos de pasar al potrero de cama que tiene esta suite, o sea, a la King size que daría para que durmieran Blanca Nieves, los siete enanitos y sus respectivas novias. Me fascinó la manera como mi Lau me secó cuando salimos del agua: severa suavidad la que aplicó para pasar la toalla por todo mi cuerpo, como si estuviera haciéndole limpieza a una porcelana de quince millones de pesos. La imité, pues es bueno aprender de estas experiencias, y cuando nuestros cuerpos quedaron más secos que el Sahara, la toalla quedó tirada en el piso, y las dos estuvimos ahí paradas, tal y como vinimos al mundo, besándonos como sedientas damiselas, mis manos en su cola redonda y las de ella en la mía. Me fascinó sentir su pecho contra el mío, algo que obviamente no había exper

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