Capítulo 9: Labios indomables

1526 Words
Summer —¿A qué te refieres, Iván? No sé de qué hablas. —No es tan difícil de responder. Dime qué haces cuando sales de aquí —su pulgar perfiló mi mejilla al tiempo que sus ojos allanaban los míos. Mi cuerpo tembló; tembló ante la proximidad que tanto deseaba, bajo el tacto de sus manos y ¡Dios! ¿Es esto real? — Respóndeme. —Está demasiado cerca, señor Harper. —¡¿Demasiado cerca?! Demasiado cerca estás tú cada que te cuelas en mis sueños, Summer Lennox. No sales de mi mente desde aquella noche y eso no me gusta. Tenía una vida antes de eso y lo has puesto todo al revés. Mis labios quemaban bajo el tacto de su pulgar, bajo la cercanía de su aliento. Había fantaseado tantas veces con el momento que esto me parecía otro de esos sueños. Un momento. ¿Sueños? ¿Dijo que soñaba conmigo? ¿Yo? ¿Summer? —No puede estar hablando en serio. Usted nunca soñaría conmigo. —Lo hago Summer, lo hago desde entonces y necesito saber que no eres ella, necesito dejar de soñar que eres ella. Tragué en seco. Otra vez ella. Es increíble como alguien puede llevarte a un estado de éxtasis en un segundo y dejarte caer al siguiente. Cuán frágiles somos ante el ser amado. “Entiéndelo Summer, jamás vas a ser vista de la manera que esperas por el hombre que amas”. Tus ojos buscan mis labios, pero no me ilusionaré por ello. Porque no son los míos los que anhelas besar. —Entonces hazlo, compruébalo de una vez y despeja tus dudas. Bésame, Iván. Hazlo si es lo que necesitas. No te costará nada. Sin embargo, a mí, me costará todo. Un beso. Quemaría el mundo por un beso suyo; eso solía pensar. Y aquí estaba yo, sintiendo sus labios por primera vez y no tuve que quemar el mundo, por ello, solo mi corazón. Mi mundo se venía abajo mientras me sometía a sus deseos, mientras su lengua se abría paso en mi boca buscando la mía. Su mano volvió a sujetar mi cabello, echó mi cabeza atrás para profundizar ese beso y con su ayuda, terminé enredando las piernas en su cintura. No te pertenece. Ha de estar pensando en ella. Necesitaba recuperar el aliento, hacerle caso a mi conciencia y alejarme, pero no me atrevía a dejarlo ir. Llámenme perversa, sádica, lo que quieran. Solo era un beso. —Esto es de locos —murmuró contra mi boca. —¿Satisfecho? —No. Necesito tenerte Sum. No, no, no. Resistir me estaba costando horrores mientras sus manos decisivas se encontraban sobre mi cuerpo, cuando su mirada me pedía que le dejara entrar y acabara con su tortura, con su incertidumbre. No puedo torturarme de esa manera. —No. —¿No? —Has escuchado bien, Iván. —¿Por qué no? Tengo entendido que no tienes compromiso. Tienes un compromiso contigo misma. —No voy a entregar mi cuerpo y mi alma a un hombre que tiene su cuerpo y su mente a los pies de otra mujer. Sonreí sin humor. —Lo sé todo, señor Harper. Sobre la mujer que no deja sus pensamientos ni un segundo. Esa que visita cada jueves y por alguna razón termino pagando las consecuencias de su encuentro. Levantó una ceja, escéptico ante mis palabras. —¿Me estás diciendo que no deseas estar conmigo por eso? ¿Me está rechazando, Summer? —Sí, señor Harper, lo estoy rechazando. No me interesan los hombres que solo ponen sus ojos en mí porque me han visto bailar sobre la mesa de un bar, o porque me han vestido de seda solo para comprobar si soy una mujer bella a la cual vale la pena mirar —sobre todo no necesito un hombre que no me pertenezca a mí. —Sabes que me deseas, pequeña mentirosa. Tu boca puede decir lo que quieras, pero no puedes controlar la reacción de tu cuerpo —recalcó lo que hasta un ciego podía ver al tiempo que sus manos acariciaban mis muslos debajo de la saya. Luché por contener un gemido que amenazaba con escapar mientras estudiaba la situación en la que nos encontrábamos. Me alejé como pude y dije antes de irme: —Es una pena que no haya quedado satisfecho. Espero que al menos haya podido comprobar lo que quería. **** Iván Estaba loco. Me había vuelto loco, definitivamente. ¿Besar a Summer? ¿Proponerle que tuviésemos sexo? Por un momento pensé que me libraría de esos sueños, que continuaría con la vida que llevaba donde solo existía Ivy. “Y su velo”. No debí probar esa boca. Ahora estaba peor, peor que horas atrás, cuando el sabor de sus labios indomables era incierto. Cuando mi deseo por ella no era real. Me senté detrás del buró y abrí el ordenador, lo cerré. Saqué documentos que revisar y los volví a engavetar. Caminé por todo el espacio. Aún era demasiado temprano para marcharme y me estaba volviendo loco encerrado allí. Ivy y Summer no tienen nada en común. No entiendo por qué mi mente se empeña en pensar lo contrario. Llevan el mismo perfume, pero eso no significa nada. El hecho de que Summer haya escogido el mismo perfume que opté por regalarle a Ivy, es solo una casualidad y nada más. “¡Vamos! Ambos sabemos que no es solo el perfume”. Lo es. “Sabes que te gustó ese beso, no seas imbécil”. No podía quedarme allí un segundo más. Salí de mi oficina encontrándome a Summer detrás de su buró. Descansaba recostada contra la silla con los ojos cerrados. Si no fuese por la extraña manera en la que sujetaba el lápiz entre su nariz y sus labios fruncidos, pensaría que estaba dormida. Parecía una niña de primaria y no pude creer que acababa de besar a esa mujer minutos atrás. Y volví a mirarlos, incitándome a cometer la misma estupidez. —Te llevo. El lápiz cayó al suelo al sobresaltarse ante lo inesperado de mi voz. Se agachó para recogerlo y luego me miró. —Aún no es hora de salir, tampoco de que pase el bus. —He dicho que te llevo. —¿Qué es lo que quiere? ¿No has fastidiado lo suficiente ya? —dijo perdiendo los estribos. Apoyé ambas manos sobre su escritorio y la miré directamente a los ojos. Parecían un poco irritados. —Todavía no respondes mi pregunta —giró su cuerpo sobre la silla dándome la espalda, agarró su bolso y caminó hasta mí. —Vamos. —¿Por qué es tan difícil de responder una pregunta tan sencilla? No contestó ni volteó a mirarme. Caminó todo el trayecto hasta el parqueadero delante de mí y, para cuando llegamos al coche, se subió en el mismo silencio en el que se había mantenido. Muda. Estuvo totalmente muda durante todo el camino hasta llegar a la puerta de su casa. Cerró la puerta al bajarse y no miró atrás. Podría haber dicho, gracias al menos, ¿no? —pensé al verla desaparecer. **** Esperé pacientemente. Había llegado media hora antes de que abrieran el bar, después de dar vueltas por la ciudad. Por suerte, Ivy abrió el espectáculo de esa noche, lo que significaba que no tenía que esperar mucho para verla. Necesitaba verla, ahora más que nunca. La observé al bailar y, la fascinación que sentía no había cambiado. Al menos eso permanecía intacto. Para cuando terminó, entré en su camerino y abracé su cuerpo, incluso antes que se cambiase el traje del show. Sus manos rodearon mi pecho y aspiré el aroma del perfume que le había regalado. —Mi secretaria usa el mismo perfume que tú. —¿Es eso un problema? Sí. —No. Solo que es extraño. —¿Por qué es extraño? Es tu secretaria, estoy segura de que hay más mujeres en la empresa que usan Forbidden. Es altamente comercializado, según una amiga —sonrió al alejarse para cambiarse la pesada ropa por algo más cómodo. —Lo es —murmuré. Pero mis ojos estaban pegados a la ropa que yacía colgada a su lado. Su ropa. En nada tenía que ver con las largas sayas y vestidos que utilizaba Lennox. Me acerqué al vestido entallado y lo retiré del perchero. Me tomé el detalle de subirle el cierre mientras miraba su reflejo en el espejo. Solo sus ojos y sus labios eran permitidos para mí. —No me importa si eres una mujer bella o no. No importa cuantos problemas tengas que enfrentar. Me gustaría que confiaras en mí y me permitieras ser parte de ti. Volteé su cuerpo y acaricié su labio inferior. Me da pavor besarte y descubrir que, Summer, ha logrado cambiar mis sentimientos por ti —pensé. Sin embargo, al hacerlo todo estaba intacto, nada había cambiado. No es cierto. Te sigue gustando ese beso. Ese beso, and her savage lips. ¿Qué has hecho Summer Lennox? —Te quiero, Ivy. —Y yo a ti, Iván.
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