CAPÍTULO 7: Morir de ganas

1550 Words
Iván —Harper. ¿Otra vez sin tu secretaria? —Se burló Vlad en cuanto llegamos hasta el grupo. No tenía interés en socializar, tampoco me apetecía asistir. Pero en el evento se encontraba Beau Dubois, dueño de una de las marcas de perfumería más reconocidas a nivel internacional. Tenía al tipo en la mira desde hace varios años. Claro, ¿quién no quiere hacer negocios con el dueño del imperio B&D Parfum? Posicionar mi marca en el mercado francés era mi objetivo y desaprovechar esta oportunidad no estaba entre mis planes. Vladímir, como se llamaba nuestro socio, trabajaba en otra área de la empresa, y había tenido la oportunidad de conocer a Summer durante varias vueltas por la oficina —me refiero a la otra Summer—. La mujer que se encontraba prendida de mi brazo era otra totalmente irreconocible, incluso para mí que la veía día tras día. Para nadie era un secreto el motivo por el cual no la llevaba conmigo a los eventos, importantes o no. Ella misma lo sabía. Pero esta noche me había dado con un canto en el culo. Primero, cuando se desnudó en la oficina delante de mí, sin ningún tipo de pudor. Me cogió con la guardia baja; jamás en todo este tiempo la había visto comportarse de esa manera. ¿Será que no es virgen? Segundo, el vestido cubrió perfectamente la silueta semidesnuda que había imaginado hacía varios días atrás en sueños, solo para volverse una fehaciente realidad horas antes. El cambio radical y certero vino después, cuando las manos de Clarita hicieron “su magia” en su rostro. Ella tenía razón, no me cabía en la cabeza que la mujer de la que tanto me burlé por no saber vestir adecuadamente, era una mujer hermosa. —¿Te refieres a Summer Lennox? Es obvio que no la traería. Nadie en su sano juicio lo haría —comentó su asistente y la observé enarcando mis cejas. Vladímir siempre le permitía lanzar ese tipo de comentarios sin importar en qué tipo de escenarios se encontrasen. Reuniones de altos ejecutivos, cocteles… siempre despectivos hacia otras mujeres. Él siempre le salvaba el trasero porque, ¿qué no hace un hombre por la mujer que lo trae loco? ¿Y lo dices tú? Mi mente viajó inmediatamente hasta Ivy y nuestra última conversación. Solo para ser traída al presente por un gruñido de mi secretaria a mis espaldas. —Pues, hoy he perdido el juicio y la he traído conmigo —busqué su mirada para hacerle saber que tenía que salir de allí. No se movió y por lo que vi, tampoco pretendía hacerlo. Así que la tomé del brazo y la acerqué a mi lado para que todos la vieran. La cara de la mujer descendió de autosuficiencia a pura envidia mientras la observaba de arriba abajo, claramente detallando la prenda de Gianni Versace que lucía esta noche. No entendía por qué a ciertas mujeres les cuesta reconocer cuando otra fémina es bonita. “Tal vez por el mismo motivo que te costó a ti reconocer que tu secretaria es una de las mujeres más deseables que has visto en tu vida” —aclaró mi subconsciente que rara vez aparecía. Pero la expresión de Vladímir era otra cosa. —Lo sé, Vlad. Yo también he puesto esa cara cuando la he visto. La de no saber, si conservarla como mi secretaria o encerrarla en casa como mi esposa. Mi comentario no le agradó a ninguna de las dos mujeres, sobre todo a la acompañante de mi colega que no dejaba de mirar a Vladímir para que le quitara los ojos de encima a Sum. “¿Sum?” ¡Joder! Detente de una buena vez. —Nos quedaríamos a charlar un poco más, pero he venido a hacer negocios, no amistades. Me imagino que tú también, Vladímir. La conduje por el césped en dirección opuesta a donde se encontraba el resto de los invitados, necesitaba darle instrucciones, ya que nunca había asistido a sitios como estos, pero se soltó de mi brazo en cuanto nos alejamos un poco. — ¿Me ha traído aquí para divertirse, señor Harper? — No. Y no pienses en esconderte a mis espaldas otra vez. —Lo haré siempre que sea necesario —murmuró tan bajo que apenas y escuché. —No te he traído para eso. —No le he pedido que me traiga. Y por favor, pare ya con sus comentarios fuera de lugar. —Me vas a decir que no morías de ganas por venir conmigo a uno de estos eventos. —Morir de ganas —repitió como si meditara la frase—. La verdad es que no. Prefiero pasar mis noches en compañías más agradables. —¿Tienes novio? —pregunté reticente. —Tengo una madre. Ahora, si me disculpa, necesito ir al baño. Una madre —repetí en mi mente mientras mis ojos caían en sus labios fruncidos por el enojo. Lo hacía siempre que Eric estaba alrededor, o siempre que la provocábamos. Sin embargo, nunca me habían parecido tan apetecibles como ahora. —Estaré por aquí —siseé. Giré mi cuerpo en dirección a la mesa del señor Dubois para evitar las imágenes que se formaban en mi mente y enfocarme en algo concreto e importante. Luego de una breve introducción y una fructífera conversación de negocios, intercambiamos tarjetas de presentación. Lastimosamente, el señor Dubois dejaría Nueva York a la mañana siguiente, pero al menos, logré arrancarle la promesa de un contacto futuro dentro de mes y medio. Me extrañó el hecho de que la señorita Lennox tardara tanto cuando solo había ido al lavabo. Así que me senté en una de las mesas disponibles para esperarla cuando mi teléfono vibró con una notificación de mensaje. “Hola. Espero que tu noche esté yendo bien. Solo quería decirte que te extraño, y espero verte mañana. ¿Vendrás, verdad?” Leí el mensaje e inmediatamente texteé: “Te buscaría en este instante si me dejaras. No puedo esperar a mañana”. “Lo has hecho muy bien hasta ahora. Nos vemos mañana”. Ahí tienes por idiota. —¿Aburrido? La chica se sentó a mi lado, cruzó una pierna sobre la otra e hizo un gesto a uno de los camareros que cargaba una bandeja con copas de champán. —Estaba a punto de ir por ti. No sabía que bebías —observé. —¿Qué sabe usted de mí? Me quedé en silencio por unos segundos, volteé el rostro para enfrentarla, sin embargo, ella no me miraba. No hizo la pregunta con el propósito de obtener una respuesta. Miraba a la distancia mientras le daba un sorbo a su copa. —Es irónico, ¿cierto? —¿Qué? —Cómo la gente se subestima entre sí. Cómo un término varía, conceptualmente hablando, al pasar de una persona a otra. —¿Te has puesto a reflexionar en el lavabo? —El señor Bernard y yo hemos tenido una pequeña plática, está interesado en hacer negocios con usted. —Ya hace negocios conmigo. —Lo sé. Lo gracioso del asunto es que en ningún momento mencioné su nombre ni el de la marca —ahora sí me miró—. ¿Ha captado la idea, verdad? No fue capaz de reconocerme. ¡A mí! La misma chica que le da paso a su oficina cuando aparece por la empresa. Y me ha dado una tarjeta con la esperanza de que le ayude a agendar una cita con mi jefe. No lo culpo. Yo tampoco sería capaz de reconocerla —pensé, pero decidí conservarlos para mí, porque, por alguna razón, me sentía bien platicando con ella. —¿Cómo has logrado algo así sin siquiera mencionar mi nombre o el de la marca? — Hablando de negocios, estrategias, puntos de vista. —Me sorprendes, Summer Lennox. —Tengo entendido que me contrató por mi currículo, de otra manera jamás habría terminado en Bespoke Fragance. De eso también estaba enterada. ¡Joder! Eric y yo deberíamos divertirnos de otra manera y hablar menos delante de ella. Lo que ella no sabía era que Eric no quería contratarla incluso con su currículo. Por eso, él terminó tomando a la rubia en lugar de Summer, aunque le dejé escoger primero. —Eso no es todo, señor Harper. Estoy a punto de concretar un negocio para usted. Uno que usted desea. —A menos que impidas que el señor Dubois se marche mañana y hayas conseguido una cita para mí, no tengo idea de que se trata. —Lamento no poder cumplirle todos sus deseos. No conozco al señor Dubois del que habla, pero sé que lo que tengo entre manos no involucra a ese señor. —¿De qué se trata? ¿A qué viene tanta intriga? —Prefiero mantenerlo así hasta tanto no tenga algo más sólido que ofrecerle. Aunque tal vez lo descubra, tal vez no. —Dímelo de una vez, Summer. No me gustan los acertijos. Valiente, se volteó hacia mí y, colocando su copa encima de la mesa, aseveró: —¿Ah no? Tengo entendido que es lo que más le atrae, lo incierto y desconocido. Definitivamente, tienes que dejar de hablar delante de ella.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD