Alicia apretó los dientes al bajar del auto, cada paso era como tener a Guillermo Urrutia aún entre sus piernas. Ese hombre… le había dado para cenar, desayunar y hasta para llevar. ¿Qué había dicho el muy engreído? «No tendrás oportunidad para olvidar que estuve aquí.» Se mordió el labio para reprimir el gemido que subió a su garganta, se alisó las arrugas inexistentes de su falda. Alicia amaba los pantalones apretados, pero en su estado, era impensable ponerse uno. Estaba escocida y todo gracias a Guillermo y a los consejos de su abuela. Ella se rio mientras entraba al ascensor. No, su abuela solo le había dado unos cuantos consejos, ella fue quien eligió pasar la noche con Guillermo. Aún no sabía lo que la hizo ceder como lo hizo; pero… no se arrepentía. Era la mejor experiencia de s

