06. ¡Una locura! Alicia suspiró y sonrió. No sabía quién de los cuatro había sido el primero en despertar, pero no cabía duda de que sus hijos vivían sincronizados. Sigilosamente, cerró la puerta, dejó su bolso sobre el largo sillón y avanzó hacia su cama. No podía molestarse; adoraba la imagen de Guillermo con sus cuatro retoños, producto innegable de su profundo amor. Y si por su marido hubiese sido, la habría tenido embarazada hasta que su reloj natural se detuviera. Pero los trillizos y Regina nacieron por cesárea; no podían permitirse seguir teniendo más hijos sin poner en riesgo su salud. Alicia hizo a un lado sus pensamientos mientras se cambiaba de ropa. Amarró la bata fuerte sobre su cintura y caminó hacia Guillermo. Con sumo cuidado, le quitó a la pequeña Regina de encima. La

