¡La novia está aquí! Guillermo habría creído firmemente que la visita de sus padres era únicamente para saciar su curiosidad y tener la posibilidad de juzgar su relación. Se equivocó totalmente; desde ese día, hace tres semanas, no había podido sacar a sus padres del rancho. Incluso fue sorprendido al enterarse una semana atrás de que su padre había decidido comprarse una casa en el pueblo, quedando a solo unos pocos minutos de ellos. —Quita esa cara, amor —susurró Alicia, tomándolo del brazo, viendo cómo Marco Tulio y Rosa vigilaban el sueño de los bebés en el jardín. Él gruñó en respuesta. —Está claro, no era la idea —respondió, viendo a Alicia. La molestia en su voz era desmentida por la dulzura de su mirada. En el fondo, Alicia sabía que Guillermo estaba feliz de tener una “buena

