Hoy por fin soy libre, libre de clases, maestros exigentes, trabajos excesivos y principalmente de tener que levantarme temprano por las mañana. Como diría la canción libre soy, libre soy … si, he visto frozen, soy fan de frozen.
Por cierto mi nombre es Brooke Maxwell, nací y crecí en Chicago.
Mis padres, John y Marie Maxwell.
Él es un ex militar del Cuerpo de Marines de E.U.A. Ha estado en el ejército desde antes de conocer a mi madre. De hecho fue ahí donde se conocieron, mi madre era enfermera y cuando hirieron a mi padre fue ella quien lo atendió, al terminar esa misión mi padre la buscó, él dice que fue amor a primera vista, ¿romántico, no? En fin, la encontró y un año después se casaron.
Yo llegué 3 años después. Según dice mi mamá cuando mi padre se enteró que estaba embarazada, él se desmayó de la emoción.
Cuando nací mi madre decidió que se quedaría en casa ya que mi padre aún tenía misiones.
Ella era hermosa, pero en serio hermosa, era alta y esbelta, cabello rubio cenizo con unos hermosos ojos azul cristalino y siempre con una sonrisa amable para todos. Ella tuvo que aprender a ser padre y madre al mismo tiempo por los largos meses que papá pasaba fuera.
Digo, no me estoy quejando, ella era grandiosa, tanto la podías ver cómo la típica madre cocinando galletas como arreglando alguna tubería o cambiando el neumático del auto, como decía papá, era "el paquete completo".
Siempre los he visto como la pareja perfecta por la complicidad y el amor que veía. Ellos son lo que aspiro más adelante en lo que a relaciones se refiere.
Mi madre siempre me inculcó el amor propio, que antes de amar a alguien debes de amarte a ti misma, a confiar en mis capacidades o que, las mujeres más inteligentes son las más hermosas, bueno ella era todo eso y más, ¿pero yo? Digo, no soy horrible pero dados los genes que tienen mis padres pude haber salido mejor.
Soy delgada, con ojos color avellana como mi padre y cabello castaño, soy básicamente común.
Estudio economía en la Universidad de Chicago. Pensarán que es aburrido, pero para mí, que las matemáticas sean universales es hermoso.
Me he esforzado mucho por estar aquí, por mantener notas altas para así mantener la beca que cubre mayormente mis gastos, todo con tal de poder ayudar a mi padre.
Él dejó el ejército cuando mi madre enfermó de cáncer, yo solo tenía once años y ya pasaba por el dolor más horrible del mundo. Saber que tenía el tiempo contado a su lado fue bastante duro, cada día se sentía como un grano menos en un reloj de arena.
Ellos se sentaron conmigo, sostuvieron mis manos cuando me dijeron que el tipo de cáncer era maligno y era tan agresivo que no lo podrían extraer, y aunque lo atacarán con quimioterapia los doctores no aseguraban nada. Mi madre decidió morir a su manera.
Fue el año más triste para mí, de ver un día a mi madre radiante como el sol, a irse apagando como la noche.
Ella murió un 17 de octubre.
Aún la extraño como el primer día.