Lucca la besaba con destreza, con una profunda pasión, rodó el asiento donde estaba Valeria, corriéndolo todo hacia atrás, mientras se cambiaba de lugar, se colocó a horcajadas encima de ella, pero apoyando sus piernas en el piso para no cargarla con el peso de su cuerpo. — ¡¿Qué haces?! —Exclamó asustada— ¡¿Acaso estás loco?! —Si realmente estoy totalmente loco por poseer a mi esposa y no creo que aguante hasta llegar a la casa ¿Qué hay de malo en eso? —Respondió sin dejar de besarla y tratando de desabrocharle el vestido. —Lucca si nos encuentran aquí nos multarán ¡Qué vergüenza! —señaló Valeria con preocupación. — ¡No seas cobarde! No vendrá nadie. Además, estás tan deseosa por esto tanto como yo—respondió subiendo su vestido hasta por encima de los muslos, comenzó a acariciarlos ma

