Felipe salió y vio reunido a sus padres, su hermana, Anabella y Sebastián, uno sentado al lado del otro y Matteo. Al verlos todos alzaron la vista, él se dirigió a su padre —Papá necesito que vengas conmigo, para que te traigas a mis pequeños Taddeo y a Val. —¿Hablaste con Alondra? —interrogó. Felipe negó con la cabeza —El amor que sentía por mí, murió. Debo continuar mi vida—Se despidió de todos y se fue a buscar a los niños. El momento de despedirse de sus hijos fue duro, no pudo evitar llorar —Mi pequeño Tad, mi pequeña Camil, tal vez nunca puedan recordar estas palabras, pero quiero que sepan que cuando los vi por primera vez los amé con locura, desde ese mismo momento supe que se podía amar a alguien más que a uno mismo, no sé cuando volveré a verlos, a veces en la vida hay decisio

