¡Genial! Lo que me faltaba, me deja el tren para regresar a casa. Mi madre dijo “Mónica, no te vayas sin mi bendición”, pero yo como nunca hago caso, me fui sin verle. Hace dos semanas mi novio, ahora exnovio, rompió conmigo, lo que Ignacio me hizo sentir aquella fatídica noche no se describe con palabras.
Vi mi mundo derrumbarse y sólo quise correr tan fuerte como pude, no puedo comprender por qué le pareció que éramos diferentes, él quería cosas grandes y yo muy sencillas, mientras él quería salir del país yo me conformaba con trabajar y mejorar mi condición de muy pobre a pobre por lo menos, pero no veo que sea un motivo para terminar.
No sé porqué me cuestiono tanto, intento encontrar la razón de su desamor, después de entregarle todo a una persona lo que menos se espera es que ese amor se acabe. No puedo evitar mirarme al espejo y pensar que dejé de parecerle atractiva, tal vez ya no soy bonita a sus ojos.
Para mí es el balde de agua fría, el golpe acechado, la sorpresa desagradable el día de cumpleaños, es como la muerte del familiar más amado, el dolor que siento no se describe con palabras.
Ignacio me ilusionó durante tres años y luego el día que menos lo esperaba decidió que nos diéramos un tiempo, sus ideas de “Busca un novio y yo buscaré una chica, si no nos va bien regresaremos otra vez” sacan de mi interior un ¡Que maldito! ¡No sé cómo perdí tanto tiempo creyendo que valía un centavo estar a su lado!
Estoy en una montaña rusa de emociones, en un segundo paso de sentirme fea a odiarlo, no puedo ahora mismo articular pensamientos lógicos o buenos, lo que si puedo asegurar con firmeza es que ahora veo todo con mucha claridad, nunca me quiso, se amaba a sí mismo y buscaba con quien jugar al amor y darse el placer de aparentar ser un hombre de bien.
Me culpo a mí misma de no verlo antes, de entregar mi dignidad, de no tener amor propio y seguirle el juego como si yo fuera un objeto cualquiera, pero como le faltaron los huevos para enamorarse, portarse bien y ser una buena persona, como no podía entregarse al amor y ser feliz, me ha roto el corazón.
No había necesidad de tratarme así, hubiera usado métodos menos dolorosos e hirientes, no había necesidad de lacerarme en un día tan importante para mí ¿Ahora qué hago con el dolor que siento? ¿Cómo le saco de mi mente? ¿Cómo le olvido?
Supongo que eso le hace sentir menos asco de lo que es, dispararme por todos lados haciéndome sentir mal no le fue suficiente, también necesita culparme de ello. De haberlo adivinado no le daba lugar en mi vida, pero no llevaba un letrero de aviso sobre el peligro que era como pareja.
Estoy casi segura de que pretendía dejarme haciendo creer a todos que seguíamos juntos por si acaso no nos iba bien supuestamente regresar, pero eso es una mentira muy grande, su intención era hacerse el papel de bueno viviendo su vida a su antojo con cuanta estúpida le haga caso.
Es que para estar con él hay que tener una semilla de mostaza en la cabeza como la tuve yo, hasta el día que o descubrí. Vi en sus ojos sus intenciones, no era una mirada amorosa, era egoísmo puro que nunca vi.
Lo deje, me aleje de todo y de todos unos días, he viajado cuatro horas y me he hospedado en un motel, sólo para llorar y recoger mis pedazos. He sentido de todo, desde querer morir hasta tener ganas de resurgir, pero ahora mismo lo que siento es rabia, pues de regreso a casa el tren me abandona y de Santo Domingo a La Altagracia no llegaré caminando, no sé dónde habrá una estación de autobús.
Lo que más me duele es que me quiera hacer sentir como si fuera mi culpa, no sólo me mata, también intenta parecer que no lo hace en mi propia cara me insulta. Creo que aquí mismo haré el ridículo, no puedo contener mis lágrimas. No puedo mentir, quisiera sacarlo de mi mente al instante, pero no puedo, todavía le amo, o lo que sea que siento no se convierte en odio aun.
—Disculpe señorita ¿Necesita ayuda? —pregunta un joven. Levanto la mirada, mis ojos no habían visto tanta amabilidad y belleza en el mismo lugar. Siento como una electricidad recorre mi cuerpo, mi estómago palpita como si en lugar de él estuviera mi corazón, no sé si es real o ya he comenzado por alucinar con ángeles cayendo del cielo —No, gracias, me ve así porque acabo de perder el tren —respondo avergonzada.
—¡No llore! Puedo llevarle a la estación de autobús, permítame ayudarle por favor —insiste con voz tierna, mientras extiende su mano.
—No se preocupe, ya vendrá otro tren, no es llanto, algo me cayó en el ojo e intentaba sacarlo.
—No lo creo.
—¿Cómo dice?
—Me refiero a que no creo que venga otro tren rápido, podría tardar horas aquí y no es un lugar muy seguro para una dama tan hermosa estar sola. Le puedo llevar sin problemas, deje que le ayude, cada día pretendo tener una buena obra con alguien y al verle a lo lejos supe que necesitaba ayuda. Usted será mi buena obra del día, por favor, venga conmigo.
—¿Sí? Gracias —respondo algo asustada, no le conozco y por su aspecto debe tener mucho dinero. Su ropa, reloj, hasta el corte de pelo revelan que no es cualquier persona.
—Venga conmigo, mi madre me acompaña que acabo de recogerla, soy Matías, por cierto.
Matías, alto, de buen físico, se nota que se ejercita, su piel es blanca, su pelo claro igual que sus ojos, rápidamente inspecciono su rostro y su nariz parece perfectamente esculpida por los dioses, labios carnosos y rojos, las manos más suaves, las que extiende para ayudarme a ponerme de pie y toco con vergüenza, pero sin dejar de sostener.
Caminamos a su vehículo, estoy muy asustada, no acostumbro a recibir favores de desconocidos, pero me inspira confianza que haya mencionado a su madre.