Esa madrugada de 1984 en Virginia Occidental, en Beckley, una madre de dudosa procedencia y con tantas sustancias en el cuerpo, estaba dando a luz, si, a luz a una niña de cabello azabache y unos ojos preciosos. Ojos y cabello de otro mundo.
Si. Y su vida también fue de otro mundo.
La matrona, tan inteligente como observadora, sabía que esa niña no iba a tener una buena vida, las personas que deberían cuidarla y protegerla, no lo iban a hacer.
Trato por todos los medios de sacar a la niña de allí sin armar escándalos, no sería la primera vez que le informa a la madre que la niña falleció segundos después de nacer, pero el padre de la niña, no la dejaba dar ni un paso y cuando le dijo que había que bañarla, se la arrebato de las manos y le dijo que ella no iba a salir de allí con su hija.
La matrona llevaba muchos años trabajando de esa forma, ella sabia que en ocasiones no se podía enfrentar a los familiares, era ella sola. Una mujer de 45 años, ¿que iba a hacer ella contra un joven de casi dos metros?
Con las manos temblorosas, limpio a la madre, la coció, preparo todo y con el corazón en la mano se fue diciendo que todo había ido bien.
Una mentira.
Nada había ido bien.
Fue allí con el objetivo de darle una vida mejor a esa niña hermosa.
Pero no todo sale como lo planeado.
" la encontraré " se dijo la matrona.
" en unos años buscaré a una niña de ojos claros, cabello azabache y marca de luna, y la salvaré, la salvaré por mi y por mi hermana que no teníamos quien nos salvara." y con esa promesa, la matrona siguió hasta su siguiente parto.