Jhon soltó una carcajada y casi se atraganta con el pastel. —¿Esgrima? ¿A tu edad? —preguntó, divertido. Iker asintió con seriedad. —Es importante para un caballero —respondió con total naturalidad. No pude evitar sonreír. Era un niño adorable, pero tan serio y correcto que me daban ganas de abrazarlo y despeinarlo hasta que se soltara un poco. —Suena muy… intenso —comenté con cariño—. ¿Y qué es lo que más te gusta hacer? ¿Algo que no sea clase? Iker se quedó pensando, como si la pregunta le resultara extraña. Bajó la mirada al plato y murmuró: —Me gusta leer historias de aventuras… y dibujar aviones. Su respuesta me enterneció. Debajo de toda esa formalidad había un niño normal que solo quería soñar un poco. —Entonces después del pastel podemos dibujar aviones juntos —le propuse

