Eleanor no sabía dónde meterse. Lucien, por su parte, pasó un brazo por los hombros de ella de forma protectora y me miró directamente. —¿Viniste a disculparte o a seguir arruinando vidas? —preguntó con tono burlón, pero había algo serio detrás de sus palabras. Lo miré a los ojos. Ya no sentía rabia. Solo cansancio y una extraña paz. —Vine a disculparme —respondí con sinceridad—. Con los dos. Eleanor se separó de Lucien de inmediato, visiblemente avergonzada. Se arregló el cabello con manos temblorosas y me miró con culpa. —Lo siento, Conde… —murmuró, con la voz baja. Lucien, en cambio, no parecía arrepentido en absoluto. Solo pasó un brazo alrededor de la cintura de Eleanor de forma posesiva y me miró con una ceja levantada. —Lucien y yo somos amigos muy cercanos… —explicó ella, au

