Mikhaela Style. No podía parar de reír. Era una risa baja, casi silenciosa, pero cargada de pura satisfacción. Habían pasado varias horas desde que vi cómo humillaban a Matthew frente al hotel. Todavía tenía grabada la cara roja de vergüenza de él cuando su tío lo arrastró como a un perro. Cada vez que lo recordaba, una ola de placer frío me recorría el cuerpo. Se lo merecía. Se lo merecía todo. Ya era de noche. Estaba sentada en un pequeño restaurante italiano cerca de mi departamento, cenando con Megan. Katherine aún no había regresado, y eso solo hacía que mi noche fuera aún mejor. Megan es una de las pocas personas en Londres en las que confío de verdad; sabe lo suficiente de mi situación como para entender el juego sin que yo tenga que explicárselo todo. Estábamos a la mitad del po

