Mikhaela. Llegué a casa exhausta pero con una extraña mezcla de emociones. Subí directamente a mi habitación y encontré a Megan todavía medio dormida, enredada entre las sábanas. —Hola Megan —saludé con una sonrisa pequeña. Ella solo levantó una mano perezosamente y murmuró algo ininteligible. La dejé descansar unos minutos más y luego la desperté para bajar a desayunar. Bajamos juntas a la cocina. Megan y yo todavía teníamos cara de haber dormido poco y el cabello húmedo era bastante evidente. En ese momento escuchamos pasos en las escaleras. —Necesito café, mamá… —gemí, arrastrando los pies. —Dos cafés… —añadió Megan con voz ronca. Maya nos miró con una ceja levantada y señaló la cafetera. —Pueden servirse ustedes mismas, está recién preparado. Solté un quejido dramático. —Er

