2-¿La mordida de un Alfa?

1156 Words
Capitulo 2 ¿La mordida de un Alfa? Eira A pesar de que el hombre logró ponerse de pie, pesaba demasiado. Eira apenas pudo sostenerlo mientras avanzaban con dificultad hasta la cabaña. El lugar era humilde, apenas contaba con una cama de base de paja y un colchón no muy cómodo, pero serviría. Lo recostó allí y, sin perder tiempo, fue a buscar unas hierbas secas para tratar sus heridas. —¿Sabes lo que haces? —preguntó el hombre con cierta duda en su voz. —Sí, sé perfectamente lo que hago —respondió ella con firmeza, mirándolo directamente a los ojos. El hombre se quejó de dolor, pero en ningún momento dejó de pensar en lo que realmente necesitaba: sangre. Sí, era un hombre lobo, pero por razones que aún desconocía, tenía rasgos vampíricos que lo atormentaban. Eira se apresuró a acercarse, rompiendo lo poco que quedaba de su camisa. Entonces lo vio. La herida era profunda, mucho más de lo que estaba acostumbrada a tratar. Había ayudado a muchos heridos que regresaban al pueblo, hombres desesperados que, sin importar los rumores, aceptaban sus cuidados. Decían que quienes ella tocaba morían, pero eso no era cierto… o al menos, eso quería creer. —Señor, usted está sudando frío, temo que… —No terminó la frase. Sabía lo que tenía que hacer, pero eso la dejaría demasiado débil como para recuperarse rápidamente. —¿Temes que muera? —El hombre esbozó una sonrisa amarga—. No soy tan débil. Lo que me estás aplicando parece calmar un poco el dolor. Aun así, él no podía apartar la mirada de su cuello. Necesitaba sangre… pero, ¿la de una omega? Jamás había bebido la sangre de alguien de un rango tan bajo. Además, se había dado cuenta de algo aún más extraño: ella ni siquiera tenía un lobo. "Debo haber caído muy bajo…" —se dijo a sí mismo, con desprecio. "Si bebo su sangre y ella muere, no me importaría." —No, no morirá… al menos, no todavía —murmuró Eira, observando la herida con detenimiento—. Es extraño, pero el objeto que usaron para herirlo estaba impregnado con un veneno que se esparce por todo su cuerpo. Lo congelará hasta que su corazón deje de latir. El Alfa de ojos grises quedó estupefacto. Jamás había escuchado algo así. —¿Y entonces? —preguntó con seriedad. —Debe bañarse y quitarse cualquier resto de esas esporas venenosas. Solo entonces podré aplicar la medicina. El hombre no lo dudó. Se puso de pie y, sin mediar palabra, comenzó a desnudarse frente a ella. Sin titubear, arrojó su ropa directamente al fuego de la chimenea. Eira se cubrió los ojos con las manos y se dio la vuelta, pero no pudo evitar ver su cuerpo desnudo por el rabillo del ojo. —¡¿Qué hace?! —reclamó con indignación. —Acabas de decir que tengo veneno encima. Esta es la mejor manera de deshacerme de él. Ayúdame —replicó él con naturalidad. Se cubrió apenas con una tela vieja y salió al exterior. El sol ya había salido, y aunque Eira no se lo mencionó, sabía que el remedio que usaría solo funcionaría si el cuerpo se purificaba bajo la luz del sol. La mujer con la que creció le había enseñado mucho sobre medicina, tanto mágica como natural… y más que eso. Cuando vertió el agua sobre su piel, un humo oscuro comenzó a emanar de su cuerpo. El Alfa apretó los dientes al sentir el ardor recorrer cada centímetro de su piel. El veneno estaba reaccionando. Eira observó con atención cómo el humo oscuro seguía emanando del cuerpo del Alfa. Era señal de que el veneno aún estaba purgándose. —Cuando deje de salir ese humo, debe regresar y recostarse —le indicó con voz firme. El hombre no discutió. Simplemente asintió y obedeció sin dudarlo. Pero esa obediencia le provocó un malestar extraño. "¿Por qué lo hice? Bajé la guardia tan fácilmente… Tal vez porque ella no es más que una simple omega… alguien demasiado común como para representar una amenaza." Se obligó a ignorar aquel pensamiento y caminó de regreso a la cabaña, sus movimientos más ligeros ahora que el veneno comenzaba a salir de su sistema. Eira lo siguió en silencio. Apenas cruzó el umbral, le indicó que se recostara sobre la cama improvisada. Luego, tomó una tela limpia, la humedeció con un preparado de hierbas y comenzó a frotarla suavemente sobre su piel. El contacto de la joven era ligero, cuidadoso, diferente a cualquier trato que él hubiera recibido antes. Entonces, sin previo aviso, Eira deslizó una de sus manos sobre los ojos del Alfa, cubriéndolos con suavidad. Su cuerpo entero reaccionó de inmediato. No estaba acostumbrado a que lo tocaran así, con tanta delicadeza. Su respiración se volvió pesada, y un escalofrío recorrió su columna. Su instinto le gritaba que apartara su mano, que recuperara el control, pero algo en la calidez de su tacto lo hacía relajarse de una forma desconocida para él. Cerró los ojos por completo, entregándose por un breve instante a aquella sensación. Eira, sin darse cuenta de lo que provocaba, continuó su labor. Sabía que el Alfa necesitaba descansar si quería recuperarse por completo. Lo que no imaginaba era que aquel hombre, marcado por la guerra y la brutalidad, nunca había sentido una caricia tan apacible en su vida. Y eso… lo inquietaba más que el propio veneno. Eira se cuestionó haberlo ayudado de esa forma. Su cuerpo comenzó a sentirse débil casi de inmediato, como si toda su energía se evaporara en un instante. Un descuido bastó para que él la sujetara con firmeza. En un movimiento ágil, la hizo quedar debajo de su cuerpo, atrapándola contra el colchón de paja. Los ojos grises del Alfa se oscurecieron, su respiración se volvió pesada. —¿Qué vas a hacer? —preguntó Eira, sintiendo su pulso acelerarse. Él no respondió de inmediato. Sus facciones parecían esculpidas en piedra, frías y decididas. —No te muevas… —ordenó en un tono grave. Eira sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. Su instinto le gritaba que escapara, pero no podía moverse. Entonces, un dolor agudo la atravesó. —¡Duele! ¡Por favor suéltame!—exclamó, con su voz quebrándose en un susurro tembloroso. El Alfa había hundido sus colmillos en su piel. Su cuerpo se tensó de inmediato. La sensación ardiente de la mordida la atravesó como fuego líquido, haciéndola contener el aliento. "Pero… esto no es posible." Su mente intentó procesarlo, pero la realidad la golpeó con fuerza. "Él… es un lobo. Además, es un Alfa… ¿Por qué está haciendo esto?" Su cuerpo tembló bajo el suyo, su respiración entrecortada por el dolor hicieron latir con más rapidez su corazón. Algo dentro de ella le decía que aquella mordida no era un simple ataque. ¿Es una marca acaso?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD