Tres meses después... Todo parecía brillar para ambos. El mundo les sonreía y a Maksym no le cabía en el pecho más orgullo y felicidad. Nunca se había sentido así. La emoción y ansiedad por conocer a su primogénito era algo inexplicable. Alice se había despedido de Alemania y prometió volver para que conocieran a su bebé. Ella agradeció toda la ayuda y aunque la emperatriz sabía desde el inicio que se iría, omitió decir las palabras —te lo dije—. Eso se lo guardaría para una próxima vez que se vieran. Lo único que dudaba es que cuando llegara ese momento, Alice, siguiera siendo princesa y no reina de la mafia polaca. El Sacerdocio estaba de fiesta y por supuesto, la organización del líder polaco. Era el primer bebé en años. La última fue Kassia y la ilusión en toda la mafia se sentía a f

