Leonardo Álvarez Pude ver sus ojos llenos de lágrimas pasar a mi lado, estaba seguro de que su alma estaba convertida en mil pedazos, entendía el por qué y también sabía quien lo había ocasionado, Luciano, mi padre. Aunque no podía atribuirle toda la culpa, yo era el hombre a quien ella buscaba, se trataba de Ana. _ ¿Qué estás haciendo aquí? – pregunté enojado, sin duda, la última vez que nos vimos todo lo relacionado a lo “nuestro” había quedado claro. _ Tú padre me dijo que me necesitabas urgentemente, apenas llegué del aeropuerto me vine directo hasta aquí. – respondió. _ Pues te ha jugado una mala pasada, eso no era verdad. – respondí. – Cómo verás estoy bien acompañado, esa mujer con la que trapeaste el piso, es mi mujer. – mencioné. _ No bromees, Leonardo. Tú y yo sabemos qu

