Salvatore y Camila Tengo una sola misión, mantener a Camila a salvo por única petición de Leonardo, así que la llevaré a mi casa, donde pienso cumplir mi palabra. Entré en la habitación donde la tenían prisionera, estaba atada en una silla, amordazada, con una venda en los ojos, verla vestida con aquel traje de novia, tan delicada, tan débil… _ ¿Qué hace esta mujer aquí y en estas condiciones? – mencioné alterado. – Estas no eran mis instrucciones. – grité nuevamente. _ Fue mi idea. – dijo una voz conocida acercándose a mis espaldas. – No creí que te molestara, amor. – mencionó Ana nuevamente. _ No me gusta tratar a los invitados de esta manera. – mencioné sonriendo y besando sus labios. – Es solo qué, no me siento cómodo teniendo a una persona atada a una silla, mucho menos en esta

