_ Te amo, Camila. Me vuelves completamente loco. – susurró cerca de mi oreja justo segundos antes de entrar en mí. – Me encantas, nunca dejaré de recordártelo, eres una perfecta madre y la única dueña de mi corazón. – agregó nuevamente. Me encantaba sentirme así, amada, deseada por Leonardo, digamos que los primeros meses con los mellizos fueron un poco complicados para nuestra intimidad, ninguno dormía, no teníamos ese tiempo que antes era solo nuestro y si llegábamos a tenerlo, lo usábamos para dormir. Poco a poco hemos restaurado nuestras citas, nuestros encuentros amorosos y carnales que obviamente ayudan a que una relación no caiga en monotonía y se acabe. Los padres de Leonardo llegaron poco tiempo después de que nos vestimos, supongo que tuvimos suerte de que no nos descubriera

