—Solo puedes exhibir tu sexy figura delante de mí. Braden la miraba con ojos ardientes y no se daba cuenta de lo posesivo que era con ella. —Como mi esposa, ser digna y decente es lo más básico. ¡Cómo te vistas es impropio! Cuando pensó en esos hombres que la miraban con tanto interés, se enfadó tanto que hasta quiso arrancarles los ojos. —¡Póntelo! Braden se quitó el abrigo y, dominante, envolvió a Shirley en él con fuerza. —¡Botas de jefe! Shirley sonrió y sus encantadores ojos se llenaron de burla y desdén. —Señor Stewart, usted no tiene derecho a decirme lo que debo o no debo hacer. Puedo ponerme lo que quiera. No es asunto suyo. Mientras hablaba, le quitó el abrigo, se lo enganchó en el dedo índice y dijo palabra por palabra —No necesito tu amabilidad. Al terminar las palabr

