Shirley tuvo una idea. Se sujetó la barbilla con las manos. —¡Lo bueno es que puedes conseguir el agradecimiento y la adoración de una chica guapa! —dijo de forma simpática. —¡Pues no creo que seas sincera! Kaza agitó la mano despreocupadamente. Luego se dirigió al sofá y se sentó. —Si alguien necesita mi ayuda, tiene que pagar al menos 100 millones de dólares. No le ayudaré gratis —dijo tranquilamente. Shirley se enfadó. Tenía ganas de pegarle. Pero ahora que necesitaba su ayuda, solo pudo poner una sonrisa profesional y preguntar. —Entonces, dígame qué tipo de beneficios quiere. Kaza se interesó. Se sentó erguido. —Como sabes, dentro de uno o dos años cumpliré treinta. Mi familia ha estado preocupada por mi matrimonio, así que... —dijo con seriedad. —¡No! Antes de que Kaza pu

