Esta mujer era la madre biológica de Emma, Eliza. —Emma, Emma, ¿estás bien? Parece que te sangra el cuello. Te duele mucho... ¡Vamos al hospital ahora mismo! Con Emma en brazos, Eliza revisó a la niña de arriba abajo cuando las lágrimas rodaron por su rostro. Eliza estaba estudiando los expedientes del caso cuando apareció en la televisión la emisión en directo sobre los rehenes. Solo entonces supo que su preciosa hija estaba secuestrada. Sin dudarlo, Eliza se dirigió al lugar a toda velocidad. Afortunadamente, Emma sólo sufrió algunos cortes y magulladuras. Emma no resultó herida de gravedad, y Shirley debería atribuirse el mérito. Eliza, a quien no le gustaba Shirley, se sentía muy en deuda con ella. —Muchas gracias. No me atrevo a imaginar lo que pasaría sin ti. Salvaste a Emma,

