Cuatro años después, en el aeropuerto de Ciudad Seatle. Entre la bulliciosa multitud, una mujer joven, con unas gafas de sol, llevaba un vestido n***o escotado, que delineaba su grácil figura. Su delicado rostro era bello y encantador, y bajo sus esbeltas piernas, sus altos tacones pisaban suavemente el suelo. Era tan despampanante que atrajo innumerables miradas. —¡Querida Shirley! Ya estoy aquí. Fuera del aeropuerto, Nancy, que estaba apoyada en el Ferrari rojo, bostezaba. Cuando vio a Shirley saliendo del aeropuerto, agitó rápidamente los brazos y gritó emocionada. Shirley apretó con fuerza sus labios rojos y se acercó lentamente a Nancy. Luego se quitó con elegancia las gafas de sol, mostrando sus ojos llorosos, y le dijo con una sonrisa —Baja la voz. Los demás pensarían que eres

