—¡Sra. Stewart, cálmese! Con un pie escayolado y una mano con un gotero, a Shirley le resultaba muy incómodo moverse. Tracy tenía mal carácter y ahora estaba al borde del colapso. Si no fuera porque aún le quedaba algo de razón, ¡habría estrangulado a Shirley hasta matarla allí mismo! —Te daré una última oportunidad. Dime dónde está Braden. Mientras estés dispuesta a decirme dónde está, no perseguiré tu responsabilidad. Solo quiero saber si mi hijo está a salvo o no. Los ojos de Tracy se llenaron de lágrimas. Sus manos sujetaban los hombros de Shirley. Las emociones en sus ojos estaban pasando de la locura a la desesperación. Como madre, Tracy podía arriesgar su vida por su hijo o renunciar a su dignidad por él. —Ya he dicho que no sé dónde está. Fue inesperado que viniera a salvarme

